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Artículos y trabajos publicados

CONTRACUENTO*

Introducción.
Es frecuente escuchar, desde las primeras entrevistas, un rígido encadenamiento de sucesos en el discurso del paciente. Las palabras tejidas en una estructura cuya linealidad descubre una relación de causa y efecto.
Esta relación parece determinar la aparición de lo que llamo trasfondo moral en el relato: lo bueno y lo malo expresado –implícita  o explícitamente– en términos de recompensa y castigo. La aparición de juicios de valor como efecto de la estructura.
La exploración de este efecto de la estructura en el discurso se abrió en múltiples sentidos.
Paralelamente comencé a indagar otras vías que ofrecía el relato del paciente, con metáforas, que no llegaban a constituir una interpretación sino una experiencia del discurso a través de imágenes, la traducción de las palabras a un código diferente. Este proceso de metaforización consistía en narrarle al paciente las imágenes que lo dicho producía en mí. Observé que estas narraciones producían ciertas derivaciones. A partir de ellas el paciente se apropiaba de aspectos de sí mismo.
Los múltiples sentidos de la exploración podrían resumirse en tres grandes áreas:

  • Semiológica.

        En el campo de la semiología –me  prestó inmenso apoyo La ciencia del texto de Teun Van Dijk– encontramos que las estructuras narrativas conforman una trama.
        Existe una superestructura específica, conformada por la expresión de una complicación y su resolución que constituyen el núcleo del texto narrativo o suceso, éste transcurre en un marco y ambos conforman un episodio. Y, una serie de episodios “arman” la trama.
Según Van Dijk, la mayoría de las narraciones, desde contar un hecho de la vida cotidiana hasta los pasajes literarios, contienen también la reacción mental del narrador, su valoración. Denomina a esta categoría evaluación, y agrega que junto con la trama forma la verdadera historia. Aunque la evaluación no pertenece a la trama, aparece invariablemente en las narraciones, en la fábula se destaca como moraleja.
Parecería posible, entonces,  la existencia de una relación entre la estructura de la narración y la aparición de un trasfondo moral.

  • Histórico-literaria.

          La posibilidad de esta relación me llevó a investigar en qué casos no se produciría. Hallé una excepción en la lectura de Alicia en el país de las maravillas y Alicia detrás del espejo. En esas narraciones no existía valoración en la historia: Alicia no cree o se achica porque es buena o mala, el gato aparece y desaparece sin causa “moral” aparente. Tampoco se respetan cuestiones temporales como en el interminable té del sombrerero.

Con Alicia pude empezar a darme cuenta de la importancia de la atemporalidad en las narraciones. Una concepción diferente del tiempo y el espacio me guió a la segunda excepción: los Cuentos de hadas. Éstos no siempre ubican la historia en un espacio-tiempo determinado. Algunas versiones sobre Los Caballeros del Rey Arturo carecen  del tipo de lógica que implique necesariamente algún tipo de evaluación.
Pasé de la literatura de leyendas medievales a considerar aspectos de la vida del hombre de este período histórico. Encontré con respecto al tiempo y al espacio, que en la vida cotidiana no existían tal como los conocemos hoy. Sólo se tenía una experiencia concreta de ambas categorías. Descubrí que la estructuración del tiempo y el espacio se produjeron entre los siglos IX y XIII.

  • Clínica.

         En este aspecto conté con la  invalorable colaboración  del Lic.  Jorge Rodríguez, que me acercó a Bion y Winnicott, sin cuyos conceptos no hubiera podido pensar una clínica que relacionara mis exploraciones.
En el área de la clínica centré mi trabajo en:
- El efecto que produce en el discurso del paciente la estructura narrativa.
- Una posible correlación entre el proceso de estructuración del psiquismo y la construcción de las categorías tiempo y espacio en un período histórico.
- Aplicabilidad de narraciones que puedan evitar las dificultades de la estructura narrativa. A estas narraciones las llamo contracuentos.
Los contracuentos permiten la construcción de un espacio entre el discurso y la interpretación, entre el paciente y el analista. Un medio de tomar contacto con el paciente y la creación de lo que llamo un símbolo adecuado, un símbolo personal, que sintetiza y expresa algo íntimo, una producción del paciente que puede ser revestida de múltiples significados.
Contracuento es también la historia de una investigación que se encuentra en sus inicios.

 

Contracuentos.

                        No he visto ningún libro de caballerías que haga 
                un cuerpo de fábula entero con  todos sus miembros.                    
                       El cura le estuvo  escuchando. Y  le dijo que   
                por ser él de la misma opinión, había quemado todos  
                los que tenía don Quijote, que eran muchos. 
                                                  Cervantes

I. La metáfora
Desde las primeras entrevistas se escucha un relato más o menos coherente, organizado, sobre lo que la persona que consulta cree que le está pasando. Una realidad de sucesos rígidamente encadenados.
En el curso de estas palabras entreveía ciertas imágenes, muy semejantes al relato. A veces se correspondían con algún dicho popular o algún cuento que había leído, otras eran sólo imágenes. Una traducción de lo dicho a una pantalla de cine mudo que constituye una metáfora de lo narrado. Noté que el relato a los pacientes de estas metáforas producía ciertos efectos.

Metáforas en sesión
Una paciente que se llama a sí misma Patito Feo, se encuentra en un momento del tratamiento con la imposibilidad de realizar un roll-playing en la institución  en la que está estudiando. Esta imposibilidad, le hace pensar primero en faltar indefinidamente y luego en abandonar sus estudios.
Le describo una escena que viene a mi mente. Unos trapecistas haciendo pruebas en un circo lleno de gente. Uno de ellos no puede realizar el número completo. Cuando finalmente tras caer varias veces a la red, sus manos alcanzan las de su compañero, es el más aplaudido.
Ella se toma de las manos de la imagen que la espera del otro lado, sobre la red y se conecta con aspectos de sí misma.
- Me da miedo que las cosas me salgan bien. Podrían no quererme. O atacarme.
- Mi padre decía que la inteligencia es imprescindible en las mujeres feas.
- Siento envidia de mis compañeros, pueden ser más brillantes.
- No quiero exponer el cuerpo. Me da miedo y vergüenza.
Creo que si se me hubiera ocurrido alguno de los temas que surgieron, y aunque se lo hubiera dicho no habría podido ser aprovechado.

La metáfora y la historia
Considero que las metáforas ofrecen en la psicoterapia una vía adecuada para tomar contacto con el paciente sin imponer la visión del analista, porque, por un lado, permiten el acceso a otro tipo de relato en el paciente, diferente de la fuerza argumentativa del orden causa y efecto.
Por otro,  su plasticidad, facilita que el paciente pueda tomar aquello que le es absolutamente propio más allá de la mutua experiencia cultural.
No constituyen una interpretación. Este es un espacio que podría llamarse de metaforización y es construido por los dos.
Este proceso de metaforización puede conformar una historia, un argumento. Lo cual  me llevó a descubrir que no siempre había historias disponibles para la situación, y que las que conocía tenían una dificultad en psicoterapia. Como dije, la forma en que se combinan los componentes condiciona la aparición del “trasfondo moral”: Lo bueno y lo malo expresado en términos de recompensa/castigo en una lógica lineal de causa y efecto.

II. Hipótesis
Con Alicia descubrí la descolocación de recompensa y castigo ligados  a otra lógica. Lo atribuí a una modificación sustancial del tiempo y el espacio.
Con los cuentos de hadas sucede algo semejante, no ubican la historia en un espacio-tiempo determinado. Comencé a investigar textos infantiles sobre Los Caballeros del Rey Arturo, encontré ciertos desfasajes entre versiones. En unas, la historia aparece con partes inconexas, acciones que no tenían consecuencias y en otras se configuraba una estructura con moraleja.
De la literatura de leyendas medievales centré la atención en algunos personajes sin nombre que no eran los héroes de las leyendas: los Bardos, guerreros poetas de la tradición celta que transmitían historias, semejantes a las leyendas medievales,  que luego fueron transformadas en un largo proceso.
En la vida cotidiana de los hombres de este período, al igual que en los cuentos algo no encajaba entre lo que se podía recoger como las vivencias y lo que se transmitía en las historias. Existía una marcada diferencia entre la realidad y el ideal de caballería.
Con respecto al tiempo y al espacio, en la vida cotidiana no existían tal como lo conocemos hoy. El hombre de la Edad Media, tanto el caballero como el campesino sólo tenían del tiempo una experiencia concreta. “El tiempo que tarda en cocerse el arroz”; “el día después de san Juan”; “la segunda luna”, etc.
En el período caballeresco de la investigación, El Quijote me abrió otros interrogantes, me interesó ocuparme del siguiente: ¿por qué se quemarían los libros de caballería?
Empecé a indagar en la historia de la caballería: hubo dos fases entre su inicial desorganización y la conformación de un ideal. Como no pude acceder a ninguna documentación desde la caballería misma para la primera fase belicosa, heroica desordenada y anárquica, (la segunda fase que sí está documentada adquiere una impronta religiosa fuerte y es recogida por la literatura) investigué entonces la prohibición de la cual existen registros.
Aparentemente un cambio trascendente se produjo entre los siglos IX y XIII, que transformó también la estructura de las historias.
La delimitación de un nuevo orden se consolida bajo el peso de la Iglesia Católica en un período interfase entre un antiguo modo de pensar y otro que se cristaliza hacia el 1300 aunque sus efectos se encuentran absolutamente vigentes. En esos años se produjo:
- Una progresiva delimitación del tiempo, desde la celebración de fiestas religiosas como organizador, hasta la implantación del almanaque gregoriano. Se medía el tiempo cotidiano, por las campanadas del templo, la duración de las oraciones o las velas.
Todas las horas del día se empiezan a reglar por la Iglesia. El tiempo se despega de la naturaleza y deja de ser una experiencia concreta.
- La creación del tribunal de la Inquisición, que perdura hasta el siglo pasado. Asegura, mediante la fuerza, el cumplimiento del nuevo orden.
- Se inicia la demarcación de tierras, bosques y campos de labor.
- Se convoca a las Cruzadas, "...medio eficaz, infalible, de lanzar a los jóvenes pueblos de sangre briosa, inquieta y pendenciera hacia una empresa que, cuál válvula de escape, daba rienda suelta a sus instintos indomables, batalladores, en forma que resultara altamente beneficiosa a la civilización de los pueblos."
- La iconografía religiosa, en la que también pueden advertirse dos fases, se constituye, a causa del analfabetismo, en uno de los basamentos del proceso de construcción de una nueva cosmovisión.
La lista puede continuar y cada ítem constituye sólo un título.
Se podría formular la siguiente suposición: que la inclusión del tiempo lineal (con el peso del pecado) y la reterritorialización del espacio mantienen relación con la estructura de las narraciones que determinaría la aparición del trasfondo moral, condicionando un modo de pensamiento.
Una experiencia diferente del tiempo y del espacio conllevarían distintos procesos y una lógica de otro orden.

¿Qué tiene que ver todo esto con la clínica?
En mi trabajo, suelo utilizar historias que puedan evitar las dificultades que mencioné con respecto a las estructuras narrativas, que involucren el riesgo de una lectura causa-efecto.
Estas narraciones, los contracuentos, permiten, como señalé en la introducción:
- La construcción de un espacio, entre el discurso y la interpretación, entre el paciente y el analista. Una realidad intermedia.
- El advenimiento de un símbolo adecuado, un símbolo personal del paciente, que sintetiza y expresa algo íntimo que tiene una significación y que no remite a un significado unívoco. Constituye una producción del paciente.
- La creación que implica esta producción estimula el nacimiento de  algo diferente que también puede operar en el mundo exterior.
Concretamente, no utilizo fechas ni horas en los relatos, para el paciente puede ser de noche, de día; hace mucho, ayer; este instante o aún todos juntos.
También desdibujo el espacio. Si este es ambiguo, configura una estructura de otro orden, ésta puede tener o no muchos detalles. Se “arman” aceptando las imágenes que surgen de las palabras del paciente (metaforizaciones) aunque parezcan pueriles, ridículas o tenebrosas.
Comencé a relatar cuentos de hadas, bosques y castillos, siempre los hay. Incluso podía jugar con el Bestiario Medieval y componer personajes quiméricos. –Leones con alas y pies de cabra, gallos con cabeza de serpiente, etc. –
A continuación expondré un ejemplo.

III. Material clínico
Hacía meses que tenía la sensación de que estábamos detenidas. Ese día, abrazando un almohadón, me repitió como otras veces, sin vivacidad, como si estuviera recitando, lo que le pasaba con su cuerpo. No le gustaba. Aunque hacía un tiempo que no vomitaba, la relación con su cuerpo la torturaba.
Su cuerpo y el temor a la pérdida de amor. Mensajes contradictorios le hacían imposible ser un cuerpo amado. Ser un cuerpo habitado por ella.
Cuando se fue me sentía impotente, comencé a escribir. Veía un palacio hablado, mirado y cuidado por otros. Reproduzco sólo una parte.
"...En las torres, todos los cristales relucían, a veces el cielo se reflejaba y se veían azules...una princesa nació allí,... fue creciendo y comenzó a encargarse de la belleza del lugar. Cuando ella era chica, otros hacían ese trabajo... y luego parece ser la única encargada, tal vez no lo sepa pero lo conoce mejor que nadie... (Recorro todos los espacios, sótanos, torres, invento personajes que le regalan perlas, visito los jardines, y sigo hablando de la princesa)
... Siempre encontraba cosas para modificar.¿Cómo saber que necesitaba el palacio todo el tiempo?
 ¿Hay algo que la princesa quisiera cambiar?"
Generalmente los pacientes escriben otra historia en respuesta a la mía, voluntariamente. Otras veces tienen un sueño que vinculan al relato.
Ella escribió ésta, –también abreviada–:
"Cierto día la princesa se levantó de dormir...vio en un rincón, sobre un pedestal de mármol un jarrón azul de cristal con asas a los costados... (Como una mujer gorda con los brazos en jarra, me muestra la postura, se ve amenazante). Esa mañana decidió sacarlo...trataban de explicarle que lo que quería hacer era una atrocidad y una falta de respeto y consideración a la tradición familiar... había comenzado a dudar.
 La princesa abrazó fuerte el jarrón y lloró porque le dolía desprenderse de él y al mismo tiempo por rebelarse contra una herencia familiar.
Se reprochaba por haberse cuestionado la permanencia del jarrón, hubiera preferido no darse cuenta de que el mismo no combinaba con el palacio... optó por esconderlo entre el follaje,... pero la angustia no cesó, el jarrón tampoco combinaba con el jardín..."
Le había costado muchísimo encontrarle un final al cuento, hablamos sobre posibles finales, más que encontrar uno perfecto era interesante lo que se seguía diciendo sobre el jarrón:
- El jarrón se rompía porque estaba lleno de piedras.
- La princesa compraba otro jarrón, el azul de cristal era lindo por ser transparente pero era muy vulnerable y estaba expuesto a todo.
- Si era algo tan apreciado, a tal punto que trataban de convencerla de que no lo sacara de su palacio a pesar de su disgusto, pues bueno, que ellos se lo quedaran.
El trabajo con este cuento transformó la sensación de inmovilidad de ambas, en múltiples sentidos.
El jarrón azul apareció varias veces durante mucho tiempo. Era algo de lo que ella podía hacer uso revistiéndolo de múltiples significados.

 

Actualmente estoy tratando de definir algunos conceptos como trasfondo moral, metaforización y símbolo adecuado. E investigando la posibilidad de establecer algún tipo de paralelismo entre el proceso de estructuración del psiquismo y el proceso de estructuración del tiempo y el espacio en un período histórico, y sus efectos en el discurso.
Con respecto a la utilización de contracuentos, las siguientes palabras de D. Winnicott expresan perfectamente mis pensamientos:
"...soy renuente a iniciar una ‘técnica del garabato’ que rivalice con otras técnicas proyectivas.
Es esencial la libertad absoluta, de modo tal que cualquier modificación sea aceptada en caso de que resulte apropiada. Tal vez una característica distintiva no sea tanto el uso de dibujos como la libre participación del analista actuando en calidad de psicoterapeuta...
Me encanta hablar sobre estas cosas, que ilustran el uso de los garabatos por referencia a los ejemplos de consultas terapéuticas, pero al mismo tiempo, como confío en que usted lo advierta, soy muy renuente a ponerlo definitivamente por escrito, para siempre. Más bien preferiría que cada trabajador en este campo desarrollase su propio método, tal como yo desarrollé el mío."

 

* Ponencia. Jornada Garabato. Julio 1997

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