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Psicologa para mujeres

EL CUERPO DE LA COSMÉTICA*

Cotidianamente, en un colectivo o en el cine sólo una de cada veinte cabezas femeninas tiene su color original.
Es asombroso que la uniforme tintura no nos sorprenda, transcurre
como otra característica natural de nuestra cultura.
¿Qué es lo que hace que en la más  profunda crisis económica,  se invierta del magro presupuesto –continuamente amenazado– en cosmética? Rubro que creció en el último año en desmedro del de limpieza.
Sanatorios privados y hospitales estatales tienen en sus listas de espera mujeres de todas las edades de diferentes recursos, su meta:
quitar o agregarse algo quirúrgicamente.
El “cuidado del cuerpo” se transforma en maltrato: operaciones riesgosas, dietas aberrantes, camas solares pro-cáncer de  piel.  Paradoja del cuerpo: cuanto más exhibido menos se lo acepta.
En  políticas y campañas se prefiere no limpiar, sólo cubrir con tintura epidérmica, nunca barata, de los  publicistas.
Cosmética, ¿negocio o enigma?  La solución cosmética es un como si de aceptación que obtura preguntas.

Un breve recorrido histórico muestra que el “arreglo” femenino vistió y revistió remedio y enfermedad.
El corsé arrasaba con la salud. Mujeres lánguidas  –prototipo de la  seducción– se desmayaban, no de romanticismo, sino a causa de los trastornos  provocados por los tormentos de su atuendo.
Cocó Chanel,  liberó a las mujeres de esta tiranía, afirmaba que los modistos a los que despojó  del cetro de la moda “les envuelven el cuello con guirnaldas de elogios, collares de halagos floridos, y con ellos las estrangulan... las mujeres no se arreglan para gustar a los hombres sino para gustar a los homosexuales, y para impresionar a las demás mujeres. Nada les parece suficiente para aniquilar a la mujer, ‘las locas’ quieren ser mujeres pero no lo consiguen.” 1 Interesante teoría.

En la Edad Media, se gesta la figura del bello sexo2 que rige para nobles y luego burguesas, nunca para trabajadoras.
La seducción: Henri de Mondeville 3 relata sobre depilatorios (cal viva o también –paciente tarea– agujas calientes  clavadas en el bulbo piloso) y otras prácticas torturantes.

Teorías antropológicas4 relacionan mujer, exogamia y lenguaje: la mujer es un signo, valor de cambio para establecer alianzas. El surgimiento del pensamiento simbólico le otorga -como a las  palabras- la posibilidad de ser intercambiable, percibida como objeto de  deseo de otro y un medio de vincularse con él,  es en este sentido signo y, al mismo tiempo, productora de signos.

La sociología 5  se ocupa de dos paradojas de la “post modernidad”:
Identidad/ homogeneidad; igualdad/ desigualdad. La homogeneización se vive como individuación: el rojo del pelo, hace diferente y única...  igual que miles. La otra paradoja es el intento de imitación, una pseudo igualdad, objetivo no sólo inalcanzable, sino inaproximable, la tintura barata difiere radicalmente de los carísimos y exclusivos tratamientos.

La cuestión cosmética y su complejidad

Un amor exclusivo por la propia belleza produciría ciertos efectos destructivos. La mitología nos acerca a Narciso:
“Entonces se le pagó con creces su salario: tanto tiempo se entretuvo junto a la fuente que se enamoró de su propia imagen y al fin allí murió por ello. ¿Cómo podía soportar el hecho de poseer y no poseer al mismo tiempo?” 6
¿Y la perspectiva psicoanalítica?  Freud7 plantea la libido, retirada de los objetos, como una sombra que cae sobre el yo.
Sobrepasada cierta medida El yo  es “arrasado”: la regresión de libido al yo –al narcisismo–  que abandona los objetos externos, paradójicamente empobrece al yo.
Como Freud con sus histéricas, ¿estamos frente a otros gritos del cuerpo femenino, el ideal de una época –en determinada clase social que monopoliza los significados–8 pero relacionados a una aspiración física y no moral?
Dice  Freud que “la acumulación de fealdad  y defectos orgánicos de las capas inferiores de nuestra sociedad no contribuye perceptiblemente a aumentar la incidencia de las enfermedades neuróticas en este medio”. Tampoco el rechazo a la propia figura.
Los “autorreproches” dirigidos hacia zonas que se relacionan con atributos femeninos, ¿nos están “hablando” de zonas sobreinvestidas?
 El cuerpo fragmentado en partes (autoerotismo) territorio propicio de fenómenos melancólicos.
El cuerpo y dos vías: la que incluye y la que excluye al otro. ¿La cirugía es para otro o para sí? La libido retirada de los objetos ¿lleva a la aniquilación?
Decíamos del cuerpo que cuanto más se exhibe menos se acepta,  podríamos incluir una distinción: el cuerpo que se exhibe y se acepta y aquel que no se termina de aceptar nunca. Con menos kilos, con más “tratamientos”.
¿Qué sucedería si el cuerpo o partes del cuerpo –y no el yo, de la melancolía, o más, todo lo que se es– sustituyen los objetos y se sitúan como terreno donde se juega la ambivalencia?
El cuerpo que no se reconoce “digno” nunca, ni aún en el pasado, queda bajo los sospechosos y reactivos cuidados de una agresión mal encubierta.
El amor, como sombra sobre el cuerpo, y  el deseo puesto en sus contornos y colores, lo envuelven... hasta hacerlo desaparecer.

 

 

* Publicado por www.agendadelasmujeres.com.ar (2005)

1 Morand, Paul. El aire de Chanel

2 Diaz, Esther. Entrevista de Ángela Pradelli.  Las 12. Mujeres en Página 12

3 Duby, Georges y Philippe Ariès. Historia de la vida privada

4 Lévi-Strauss, Claude. Las estructuras elementales del parentesco.

5 Flecha, Ramón. Ponencia, Universidad de Barcelona. Conferencia Universidad Autónoma de México

6 Graves, Robert. Los mitos griegos. TI

7 Freud; Sigmund. Duelo y melancolía. Introducción del narcisismo.

8 Nietzsche, Friedrich. Genealogía de la moral

 


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