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Psicologa para mujeres

ESAS DIOSAS DESCONOCIDAS*

29 de Diciembre de 1899
IX, Berggase 19

¡SALVE!

El hijo valiente que bajo el comando del padre, surge en el momento exacto.
Para ser su asistente y compañero de trabajo en investigación del orden divino.
Pero salve también el padre que, poco antes, descubrió en sus cálculos la clave para restringir el poder femenino.
Y para lidiar con la carga de la sucesión legítima.
Sin confiar en las apariencias sensoriales como lo hace la madre.
Él invoca los poderes más altos para reivindicar su derecho, su conclusión, su creencia y su duda. Y así en el comienzo, mira cómo él se alza, vigoroso y robusto, a la altura de la exigencia del error, el padre.
En su desarrollo infinitamente maduro.
Que el cálculo resulte correcto y, como legado del trabajo, que sea transferido del padre al hijo, más allá de la separación de los siglos.
Conjugue en la mente lo que las vicisitudes de la vida rompen y separan.

  
  Este extraño conjuro es una carta de Sigmund Freud.
Emilio Rodrigué, a quien le debemos 2 su hallazgo, dados los secretos de la familia psicoanalítica, escribe “Misiva inquietante, casi escrita en clave. Poesía de cuño bíblico, enviada en ocasión del nacimiento de Conrad, hijo menor de Fliess. 1
 ¿Sería muy pretencioso desentrañar las oscuridades cifradas de este mensaje casi esotérico? Y en caso de establecer algunas hipótesis, ¿cuál podría ser el beneficio?
  En otra carta –muchos  años después– referida a los inicios del psicoanálisis que compartió con Breuer  y de los que éste “se alejó aterrado” Freud dice: “En ese momento él tuvo en sus manos la llave que hubiera abierto las ‘puertas que conducen a las Madres’, pero la dejó caer”. En algunos aspectos Freud también  dejo caer lo femenino de la mujer y lo femenino del varón.

  Anteriormente exploramos los componentes femeninos en el niño pequeño y en la mitología. Nos proponemos, ahora, recoger la llave. La cita de Freud acerca de la llave que abre las puertas de las madres es del Fausto de Goethe.

No es el único autor, tampoco el único autor alemán al que le impresionan las madres,  aterrados como Breuer, no transforman sus hallazgos en descubrimientos.
Mefistófeles. Nada tengo que ver con el pueblo pagano, porque habita su infierno particular... Sin embargo entreveo un medio.
Muy a pesar mío voy a revelarte el misterio sublime. Hay diosas augustas que no reinan en la soledad, sin que haya en su derredor ni espacio ni tiempo y no puede hablarse de ellas sin experimentar una turbación indecible ¡Tales son Las Madres!
Fausto, asombrado. ¡Las Madres!
M. ¿Tiemblas?
F. ¡Las Madres! ¡Las Madres! ¡Me parece esto tan extraño!
M: Y en efecto lo es, pues son diosas desconocidas a vosotros los mortales...
F. ¿Dónde está el camino?
M. No lo hay... no hay camino hacia lo inaccesible y lo impenetrable...
Luego Mefistófeles le entrega la llave.
M. Esta llave te indicará el camino que debes seguir, ella te guiará hasta el punto en que estén las Madres.
F., estremeciéndose. ¡Las Madres! Me produce esta palabra el efecto del rayo. ¿Qué nombre es ése que yo no puedo oír? 3

  Puntualizaremos sólo dos aspectos.
 Uno, es el pueblo pagano el medio que conduce, ya que  antes de la religión monoteísta patriarcal, el matriarcado se fundaba en el animismo. Sin la organización social, política y religiosa que genera el descubrimiento del padre, el paganismo era la religión de las diosas maternas. Esta es otra llave que Freud deja caer en Tótem y Tabú, “Lo que no nos es posible indicar es el lugar que corresponde en esta evolución a las grandes divinidades maternas. 4
  El otro aspecto se relaciona con el horror a la madre, considerado desde el punto de vista de la agresión del niño hacia ella, atribuyéndole a ésta los deseos hostiles que él alberga y que tienen como fuente la envidia, mientras desconoce el papel del padre en la concepción. (Horror: intuición de ser dejado caer.)

Un relato de uno de los componentes de la envidia se lo debemos a H. Hesse:
 “...Por vez primera veía un alumbramiento y no apartaba los ojos pasmados y afiebrados del rostro de la parturienta;... clavaba la mirada con ávida curiosidad en la cara de aquella mujer que se contorsionaba con sus dolores, observó, en manera inesperada, que los rasgos del desencajado semblante de la que gritaba no eran muy distintos de los que había visto en otros rostros femeninos en el momento de la embriaguez amorosa. La expresión de intenso dolor en un rostro era, en verdad, más violenta y afeadora que la expresión de intenso placer...más, en el fondo, no difería de ella; era el mismo contraerse,...el mismo encenderse y apagarse.”5
¿Difiere mucho esta descripción de la “voluptuosidad” de Schreber?
Encontramos en Nietzsche algunas expresiones en este sentido:
“¡Nosotros queremos gobernar allá abajo, en donde está el país de nuestros hijos! Allá, a lo lejos se desencadena nuestro gran deseo, más fogoso que el mar.”
 “Tan abultada y preñada yacía en el horizonte ayer la luna, que me parecía como si quisiese dar a luz un sol.
  Era mentida su preñez, y antes creería yo hombre a la luna que mujer.” 6El resaltado es mío.
 En un magistral estudio, Geza Roheim demuestra la universalidad del Complejo de Edipo y consigna esta misma universalidad para las fases pre-edípicas.
En todas las tribus, menos oculto y poco interrogado por el investigador, se reproducen manifestaciones de lo que llamamos Complejo de Preñez en el varón.
 “Por extraño que parezca, los hombres son los que quieren tener hijos. Santan, el intérprete dijo: ‘Los hombres somos los que deseamos tener hijos. Nuestras esposas no los quieren. Sólo quieren dormir con nosotros. Si un joven ha vivido con su esposa un año o dos, y ella no se embaraza, aquél se encoleriza. Dice: Trabajo y trabajo todas las noches, me destrozo la espalda pero esta mujer no concibe. Será mejor que me busque otra esposa’.7
Schreber tampoco se buscó otra esposa: “Estaba, pues, destinado a compensar su falta de hijos.” 8
  Sobre este deseo de tener un hijo en los hombres –causa  de repudio de muchas esposas  en la historia– Freud opina como Roheim,  “Tales productos mentales, tan apartados del pensamiento habitual de los hombres y tan singulares…”
¿Qué es lo extraño y paradójicamente repetido que no forma parte de la esfera de investigación de quien no se privó de interrogar el chiste o los sueños?
  Aunque nunca consideremos suficientes las pruebas, para una teoría descentrada del Falo- Tótem, podemos por lo menos abrir interrogantes sobre los temas tabú.

   Tomaremos, por partes, el Salve de Freud:

El hijo valiente que bajo el comando del padre, surge en el momento exacto.
Para ser su asistente y compañero de trabajo en investigación del orden divino.
El momento exacto es el nacimiento, bajo el comando del padre ¿qué puede significar? Sino que el padre se apropia del hijo.
 Compañero del orden divino. El orden divino de la religión monoteísta, del dios varón  y no el de las “augustas diosas” del Fausto

Pero salve también el padre que, poco antes, descubrió en sus cálculos la clave para restringir el poder femenino.
El padre que poco antes, –¿cuándo?– desde antes del nacimiento. El padre debe estar garantizado desde antes para que el hijo sea propio.
Descubrió en sus cálculos la clave para restringir el poder femenino. Podemos suponer dos hipótesis que no se contradicen, sino que representan dos diferentes niveles:
-  Lo manifiesto: Fleiss se encontraba realizando cálculos, buscando sentido a las cifras e investigando ciclos, probablemente descubrió los ciclos ovulatorios o  creyó descubrirlos antes del nacimiento de este hijo.
   - Lo latente:  la clave, no cualquier clave, no la clave de la anticoncepción, sino la clave que restrinja el poder  femenino. ¿Cuál es el poder femenino?
      Parir, poder tener hijos, embarazarse. ¿Por qué es importante restringir este poder?, ¿a qué fantasía masculina responde?
 
Y para lidiar con la carga de la sucesión legítima.
Sin confiar en las apariencias sensoriales como lo hace la madre.
La sucesión legítima es una carga. Lo es desde el patriarcado. Nunca puede ser ilegítimo el hijo de una mujer. El descubrimiento del papel del padre en la concepción origina el patriarcado y la legitimidad del hijo (esa obsesión). Esta transición, que es histórica, se juega en el psiquismo cada vez que un hombre desea un hijo.
  La segunda frase casi no merece aclaración, la madre confía en los sentidos respecto de la propiedad del hijo. Fuera de la apariencia sensorial, el hijopertenece realmente al padre si éste, además de desearlo, extiende su legitimidad y la posesión a la prole.
 El hecho del embarazo y parto ¡¿sólo es apariencia sensorial?!

Él invoca los poderes más altos para reivindicar su derecho, su conclusión, su creencia y su duda.
Poderes más altos, el dios monoteísta de la religión que surge del animismo matriarcal, un Dios Padre Edípico.
Su derecho: el padre es un salto de la naturaleza –desde  la madre certissima en todas las especies– al derecho, la ley: el padre constituye un cambio cualitativo.
Su creencia y su duda: El padre debe creer que lo es. Pero, sin embargo, siempre puede ser puesto en duda: representa el precio (¿el valor, la culpa, la deuda que tiene que pagar?) por la nueva organización parental.

Y así en el comienzo, mira cómo él se alza, vigoroso y robusto, a la altura de la exigencia del error, el padre.
En su desarrollo infinitamente maduro.
En su desarrollo maduro, el varón admite ser padre, desiste de ser madre. Cuando es conocido el papel del padre en la posibilidad de tener hijos, el niño abandona el deseo de tener –parir, embarazarse– para tener el objeto-niño de otra manera. Recordemos a Juanito cuando dice a su padre:
“Por qué no tienes tú una niña... oh, sí cuando seas mayor ya la tendrás”
“Antes yo creía que era la mami, ahora soy el papi”9
El desarrollo y la madurez es la adquisición de este conocimiento.
El error, el padre, exigencia y equívoco. Creer que puede ser padre como la madre, necesariamente, dejará secuelas.
Y así en el comienzo, ¿en el comienzo de la investigación sexual infantil?; ¿del patriarcado?; ¿de la paternidad?

Que el cálculo resulte correcto y, como legado del trabajo, que sea transferido del padre al hijo, más allá de la separación de los siglos.
Nuevamente podríamos pensar aquí dos niveles de lectura:
-   Que el cálculo que restrinja el poder femenino, es decir, que Freud y Fliess consigan impedir los embarazos, legado del trabajo de Fliess a los hijos varones. 
- El deseo de transmitir al hijo, como legado del trabajo psíquico de abandonar una teoría. Que los hijos hereden la restricción del poder femenino, que no pasen por el terror a las madres.
Más allá de la separación de los siglos, más allá de la historia de la especie y del individuo.

Conjugue en la mente lo que las vicisitudes de la vida rompen y separan.
 ¿Qué separaciones? ¿Cuáles vicisitudes de la vida?
Las vicisitudes de la vida, probablemente sean las consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos, en el sentido de los impedimentos en el varón. Separación del pene-niño-excremento, separación inexorable de una posesión valiosa fantaseada –hijo–.
 Conjugar en la mente podría referirse a las teorías sexuales infantiles o también la superación de la disociación de la mujer: madre/puta. La Eva-Lilith de los hebreos, la María-Eva de los cristianos. Separación y ruptura, que tiñe la vida adulta. La puta pone en riesgo la herencia

Salve

Los dos salve de la carta de Freud: uno para el hijo valiente, otro para el padre. Curiosamente, esta palabra es usada para anunciarle a la Virgen Madre que espera un hijo. -¿El “cuño bíblico” que percibe Rodrigué?-, y que figura como primera acepción en nuestra Real Academia. Observemos que en el nacimiento del hijo de Fliess la madre no es mencionada, sino como confinada y confiada a la apariencia sensorial.
Salve también significa prueba temeraria; consecución de la gloria; proclamación del rey. Indica una exaltación del padre y del hijo. ¿La bienaventuranza de Schreber.?
Nos preguntábamos cuál sería el provecho de esta exploración: poner al descubierto, que la convicción falocéntrica no impide que  estos procesos ocurran igual.
Que existen fenómenos que no estamos escuchando, y que no hay caminos para lo impenetrable –como dice Mefistófeles– pero sí, una llave.

 

 

*Artículo publicado en www.elsigma.com Marzo 2004

1 Rodrigué, Emilio. Sigmund Freud. El Siglo del Psicoanálisis.

2 Silvia Fantozzi  www.psyche-navegante.com Complejo de preñez en el varón I, II,  
                          III y IV.

3 Goethe. Fausto.

4 Freud, Sigmund. Tótem y tabú.

5 Hesse, Herman. Narciso y Goldmundo.

6 Nietzsche, Friedrich. Así hablaba Zaratustra.

7 Geza, Roheim. Psicoanálisis y Antropología.

8 Freud, Sigmund. Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente.

9 Freud, Sigmund. Análisis de la fobia de un niño de cinco años.

 


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