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Psicologa para mujeres

GÉNERO Y PSICOANÁLISIS*

 Notas iniciales para una teoría de la envidia de preñez en el varón

A más de  cien años de   los principales fundamentos epistemológicos del psicoanálisis ciertos conceptos merecen  una relectura. Como consecuencia, el territorio a conquistar puede resultar fructífero para una mejor comprensión de los fenómenos humanos.
La presencia de la problemática del género promueve, en estos tiempos,  ahondar en formulaciones que han sido abandonadas, olvidadas o reprimidas. Freud, a lo largo de su obra, estudió más el componente masculino en la mujer. Y su influencia es innegable en otras áreas de la cultura. Un trato diferente recibió por parte del creador del psicoanálisis y sus seguidores, psicoanalistas de ambos sexos, el aspecto femenino del varón.
Este componente puede ser rastreado en el análisis de la temprana infancia. Tal exploración, según Freud es trabajosa y difícil. Por un lado, lleva a conclusiones no siempre comprobables. Por otro, “conduce hacia regiones oscuras en las que carecemos todavía de referencias, al punto que, según creo, los analistas pueden contar con la certeza de que, por lo menos durante las próximas décadas, su labor científica no correrá peligro de mecanizarse ni de perder así parte de su interés.” (Freud, 1925:2896).
En base a este interés propongo la investigación de los  aspectos menos conocidos de las tempranas manifestaciones del desarrollo sexual. Oscuros, no sólo por las dificultades que plantea Freud, sino también por el hábito establecido en el uso de las nociones. Estas razones obturaron la exploración que podría conducir a un mayor conocimiento sobre los elementos femeninos en el varón con  las mismas herramientas utilizadas para pensar el aparato psíquico y el material clínico  que dispone esta ciencia.
Este trabajo se basa en la hipótesis, acreditada por el psicoanálisis, de que los períodos tempranos de la infancia dejan una impronta en el psiquismo.
 La complicada  y extensa evolución de las funciones psíquicas hasta llegar al adulto normal, no se produce sin alteraciones. Se conoce como disposición a la enfermedad “lo que llamamos un ‘punto de fijación’ al cual puede retroceder luego en caso de enfermedad por perturbación exterior.” (Freud 1913: 1739). Es posible, entonces, con el estudio de las fases tempranas descubrir nuevas relaciones entre la enfermedad y la evolución sexual.

Parte I. Algunas puntualizaciones

Es necesario definir determinados puntos en el abordaje de esta temática. Se trata de axiomas de la teoría que funcionan a modo de “dogmas de fe”. Pero no por conocidos, por aquellos que se encuentran familiarizados con el  psicoanálisis o la divulgación que algunos alcanzaron, dejan de presentar cierta dificultad en el uso científico de los mismos.

  • Bisexualidad

Se considera, en la teoría, el punto de partida en la conformación de los sexos. “Opinamos que sin tener en cuenta la bisexualidad no podrá llegarse a la inteligencia de las manifestaciones sexuales observables en el hombre y en la mujer.”(Freud 1905: 1223). Esta bisexualidad inicial no está planteada en términos biológicos, sino en creencia infantiles que se apoyan en experiencias corporales placenteras, –creencias y experiencias que desarrollaré más adelante– que dan como resultado la no-diferenciación de los sexos por parte de los niños.
Freud plantea una disposición bisexual originaria que en el curso de la evolución del sujeto se orienta hacia una monosexualidad adulta pero conservando algunos restos atrofiados del sexo contrario.
La existencia de elementos femeninos y masculinos en todos los seres humanos,  implica una disposición sexual constitucional compuesta. “Debiendo ser considerada como ‘polimórficamente perversa’.  La conducta llamada normal de la función sexual es el resultado de la represión de ciertos instintos parciales y de la subordinación de los demás a la primacía de las zonas genitales en servicio de la reproducción.” (Freud 1905 [06]: 1241-42) Es decir, que la sexualidad adulta depende del éxito que se obtenga reprimiendo componentes del sexo contrario.
En esta disposición bisexual baso la investigación de cuáles serían los elementos femeninos en la temprana infancia del varón, que deben ser reprimidos para el acceso a la función sexual normal.

  • Enigma del nacimiento de los niños. Curiosidad infantil

 El gran enigma de los niños es la pregunta ¿de dónde vienen los niños?
Esta pregunta anuda deseos a sensaciones corporales, por lo tanto interviene en la conformación de la sexualidad. Además, se suscita con el hecho real o sospechado de la llegada de un nuevo niño que, en casos analizados por Freud coincide con la aparición de síntomas. La amenaza a sus instintos  egoístas excita la curiosidad.
 “El primer problema del que el niño se ocupa no es, por tanto, el de la diferencia de los sexos sino el enigma de la procedencia de los niños.” (Freud  1905: 1209). Posteriormente añade que debe corregir la afirmación anterior, “en lo que a las niñas se refiere” (Freud 1925: 2899). Se deduce que, con respecto al varón, sigue sosteniendo la problemática del origen de los niños. No es tan difícil  descubrir la razón. A los pequeños, la percepción no les ofrece la posibilidad de observar en la realidad un hombre embarazado. Si tenemos en cuenta que los períodos tempranos están dirigidos por el narcisismo y la omnipotencia infantil, los niños no pueden suponer que algo les esté impedido. Por otra parte, las teorías sexuales infantiles refuerzan el conflicto en los varones.
  En la niña no sucede lo mismo porque no le despierta la misma inquietud. Ella ve, como el niño, mujeres embarazadas.
         La intrincada combinación de impulsos egoístas, envidia, y componentes sexuales guían la curiosidad infantil. 

  • Teorías sexuales infantiles

Constituyen el resultado de la curiosidad infantil. Respuestas al enigma del origen de los niños, compuestas por sensaciones corporales y las comprobaciones que le ofrece la realidad.
Durante cierto tiempo, los niños y las niñas creen que todos y todo, aún los objetos inanimados, poseen pene y son capaces de tener hijos.
Esta creencia, que puede parecernos disparatada, está conformada por un lado por la bisexualidad inicial (una no-diferencia de los sexos desde el punto de vista del niño, que distingue la diferencia de los géneros pero no conoce la diferencia sexual) reforzada por el placer concomitante de la expulsión de las heces.
Las sensaciones que producen la evacuación de los excrementos provoca en el niño, antes de que comience a hablar y durante mucho tiempo, una excitación de la mucosa en la zona anal. Se llaman erógenas a las zonas pasibles de  recibir estimulación y producir placer. Toda la epidermis, a través de los cuidados corporales, y las áreas específicas relacionadas con la alimentación y la evacuación producen efectos de satisfacción que exceden lo estrictamente biológico, –el chupeteo y la retención de  esfínteres son  manifestaciones del placer de órgano que se realizan prescindiendo de lo vinculado puramente a la especie– configuran localizaciones que contienen un plus de placer y colaboran en la elaboración de las teorías. Estas experiencias son las satisfacciones parciales que deben reprimirse o subordinarse a las funciones de reproducción.
Por otra parte, advertimos cómo se relaciona una zona, haciéndose atractiva para la explicación como un imán con las observaciones accidentales en animales u otras personas.
En base a estos datos, su propio placer y lo que observa,  para el niño es fácil suponer que todos tienen un órgano igual al suyo, constituyendo esta suposición la primera de las teorías sexuales infantiles.
Otra de las teorías infantiles –que Freud denomina la segunda, pero creo que coexiste con la primera– es la de que “los niños se conciben al comer alguna cosa determinada (como en las fábulas) y nacen saliendo del intestino como en el acto excrementicio.” (Freud 1905: 1208).Esta explicación del nacimiento se denomina teoría de la cloaca. Lo original de Freud, y lo más interesante, es que estas teorías son premisas universales, (en todos los niños encontramos las mismas respuestas).
Otra peculiaridad, es que las teorías permanecen en el psiquismo, no desaparecen. Se reprimen y se manifiestan en los síntomas o en los sueños; o se sustituyen por otros contenidos. Por lo tanto es posible rastrear los movimientos de la energía sexual desde las fases constitutivas.
Con el tiempo el niño descubre que sólo las mujeres pueden tener hijos.
 “Sé ahora, con seguridad, que las transformaciones provocadas en el aspecto de la madre por el embarazo no escapan a los ojos del niño. Descubre, por sí mismo, que la criatura se forma en el vientre de la madre.” (Freud 1908: 1264-65). En este caso la observación desmiente la teoría de que todos pueden tener niños.
Pero,  ¿Qué quiere decir el niño cuando atribuye la capacidad de tener hijos a todo lo que le rodea?
En términos de la teoría de la cloaca, la hipótesis del niño es la de que todo (objetos inanimados) y todos (animales, insectos, hombres y mujeres, incluso él mismo) pueden tener niños. Pero esta  teoría pone el acento en la expulsión (por dónde salen los niños) y el tener niños implica una compleja composición: (Rodríguez, 1988)
- Tener equivale a concebir, hacerlo o ser engendrado: producción o participación en  la producción. (Queremos tener un hijo).
- Tener equivale embarazo: albergar un futuro producto. (Va a tener    
   una nena).
- Tener  equivale parto: expulsión del producto. (Tuvo mellizos).
- Tener equivale a posesión: prodigar cuidados, ostentar el
   producto.  (Tiene dos  hijos).
Esta polisemia indica que la teoría de la cloaca es insuficiente como  hipótesis infantil. Cuando el niño piensa que  todos pueden tener niños también esta pensando en albergarlos antes de expulsarlos, en concebirlos antes de albergarlos. Todos pueden tener niños significa que el infante cree que todos pueden ser engendrados por un alimento, embarazarse, parir, poseer y cuidar. Cuando el niño desea tener hijos está planteando toda la complejidad que implica tener.  

  • Equivalencias simbólicas

Es posible que quienes cuidan de los niños y las niñas, los escuchen decir “el pitito de la silla”; “el hijito del camión” o “el tren está haciendo pis”. También, en ocasiones, se refieren a sus excrementos como hijos que tuvieron –lo mismo sucede con enfermos mentales graves–.
Aunque estos observables se cumplan en todos los casos, hecho que habitualmente no sucede, son insuficientes para elaborar una teoría. Los conceptos constituyen una conjetura que da cuenta de procesos que no son visibles.
La mayoría de las nociones del psicoanálisis se construyeron en un ida y vuelta entre la experiencia clínica con pacientes, los fenómenos considerados normales y la teoría que se reformulaba en base a estos datos.
Una conjetura del psicoanálisis es la de que los conceptos de excremento, dinero, regalo, niño y pene son equivalentes en las producciones inconscientes.
La teoría da cuenta del proceso mediante el cual se conforman estas equivalencias.
Además de que el contenido intestinal desempeña la función de excitar la mucosa, haciéndola sexualmente sensible, “entraña, para el infantil sujeto otras varias e importantes significaciones. El niño considera los excrementos como una parte de su cuerpo y les da la significación de un ‘primer regalo’, con el cual puede demostrar su docilidad a las personas que le rodean o su negativa a complacerlas. Desde esta significación de ‘regalo’ pasan los excrementos a la significación de ‘niño’; esto es, que según una de las teorías sexuales infantiles [la de la cloaca] representan un niño concebido por el acto de la alimentación y parido por el recto.” (Freud 1905:1203).
El lenguaje popular guarda gran afinidad con los productos inconscientes, se dice que “hizo un regalito” cuando el bebé ensucia los pañales. O que la mamá “está de compras” si espera un bebé o que “le hicieron un regalito” para decir que está embarazada.
 “Si consideramos al cuerpo como una forma, una totalidad, una unidad narcisista; si al hablar de cuerpo estamos hablando de narcisismo, dejamos el terreno biológico y pasamos al psicoanalítico, al sexual, al de las producciones del inconsciente.
Para que caca, niño y pene sean concepto inconsciente deben dejar de ser sólo partes del cuerpo biológico.” (Rodríguez 1990: 270). Resaltado del autor.
Lo que llamamos equivalencias simbólicas indica por un lado, que estamos hablando de ese “plus” que ubica los fenómenos biológicos en un terreno diferente y, por otro, que éstas permiten que los contenidos se sustituyan unos a otros, en lo inconsciente, los hace intercambiables. 
La capacidad de sustitución de estos conceptos  es útil para el análisis que –más adelante- haré de casos de Freud y los componentes femeninos que señalaremos en los mismos.

  • Envidia de pene y su equivalente en el varón

 Las equivalencias simbólicas permiten, lo que Freud llama la “salida normal” en la mujer. Consiste en resignar el pene a cambio de un niño.
Como dije al comienzo, la cicatriz que deja en el aparato psíquico femenino la envidia de pene, ha sido profusamente estudiada.
Del descubrimiento de la diferencia sexual en la niña parten  “tres caminos de la evolución: uno conduce a la inhibición sexual o neurosis; otro a la transformación del carácter en el sentido de un complejo de masculinidad, y el otro, al fin, a la feminidad normal.” (Freud. 1932[33] 3172). Relaciona estos caminos con diferentes procesos: a) renegación de la castración, se comporta como si tuviera pene; b) espera que le crezca hasta edades avanzadas  en que resulta imposible sostener la realización de tal creencia y que el análisis ha demostrado que el deseo  subsiste con una gran carga de energía en lo inconsciente; c) resignarse y obtenerlo de un hombre, con el cual consigue, por equivalencia simbólica, un hijo-pene.
Deducimos que no hay cura para la envidia de pene, en el mejor de los casos se trata de una sustitución.
Un seguidor de Freud realiza una magnífica definición de la envidia: “El descubrimiento de los órganos genitales masculinos por la niña, ofende su narcisismo. Durante el período narcisista de su desarrollo, el niño vigila cuidadosamente sus posesiones y considera con celos las de los demás. Quiere conservar lo que tiene, y obtener lo que ve. Si alguien tiene sobre él alguna ventaja, se producen dos reacciones estrechamente asociadas: un sentimiento de hostilidad hacia la otra persona, y un impulso de privarla de lo que posee. La unión de estas dos reacciones constituye la envidia, que es una típica expresión de la fase anal-sádica de la evolución de la libido.” (Abraham 1923: 261).
Podríamos aplicarla al varón. Por un lado, resulta poco verosímil que la envidia constituya el sentimiento privativo de un sexo; por otro, el niño también descubre algo en lo que la niña lo aventaja: no puede tener hijos como las mujeres. Si el deseo de tener un pene perdura en la niña, en el niño también perduraría el deseo de tener  hijos.
Deseo que está alimentado por fuertes motivaciones eróticas, que la niña –en su deseo de pene– no ha experimentado. Quiero decir que ésta no perdió un pene, no debe, por tanto, reprimir las sensaciones que éste le hubiera procurado. Pero el varón sí, debe reprimir el placer de la expulsión de las heces o subordinarlo en la sexualidad adulta.
La siguiente cita apoya nuestra hipótesis: “Hay sujetos cuyo erotismo anal ha persistido invariado e intenso hasta los años inmediatos a la pubertad. Por ellos averiguamos que ya en esta fase pregenital habían desarrollado una organización análoga a la genital. En la neurosis obsesiva puede comprobarse una regresión consistente en transferir a lo anal todas las fantasías genitales sustituyendo el pene por la masa fecal, y la vagina, por el intestino.” (Freud 1915 [17]: 2037).
Asegura que  las etapas tempranas de la evolución sexual  parecen ser comunes a ambos sexos, sin embargo, considera que en la mujer el clítoris debe ceder su sensibilidad y significación a la vagina, “mientras que el hombre, más afortunado, no tiene que hacer más que continuar en el período de la madurez sexual lo que había ya previamente ejercitado.” (Freud 1932-33: 3167). La frase es contradictoria si consideramos el papel de la mucosa anal en los períodos  primitivos y cabe preguntarnos como cede el niño esta sensibilidad que ha desarrollado.
 A este uso del órgano, común en ambos sexos, se suman otros procesos. Con la intensidad que le prestan las teorías sexuales infantiles y el desconocimiento de la vagina, “niega el niño a la mujer el doloroso privilegio de parir hijos. Así, pues, el niño puede fantasear que da a luz a un hijo, sin que por ello hayamos de imputarle tendencias femeninas. Tales fantasías no son sino un resto de actividad de su erotismo anal.” (Freud 908: 1267-68).El resaltado es mío.
Sobre este resto desarrollamos la segunda parte del trabajo con los historiales.

  • Historiales

Encontramos muestras sobre la envidia del varón en lo que denominamos Historiales de Freud, son estudios de casos. Aunque no siempre se trata de pacientes, son modelos  que producen teoría, la contrastan y obligan a reformularla.
Cada caso corresponde, aparentemente, a una estructura patológica. Decimos aparentemente, porque a partir del estudio de las llamadas patologías –neurosis, perversión y psicosis– también encuentra componentes del psiquismo considerado normal. 
No sorprende para los que estudiamos psicología en la universidad que Ana Freud refiera que, “el hábito de volver sobre el reducido número de historias clásicas y explotarlas al máximo, promueve reorganizar los datos originales y poner a prueba las interpretaciones.” (Freud, Ana 1971: 12). Agrega que la forma de sistematizar el material, además de hacerlo legible para generaciones de analistas,  tuvo el efecto de convertirlo en puntos focales sobre los cuales se continúa debatiendo  en conferencias y colaborando,  con fines didácticos, en los institutos de formación.
Considero que todavía es posible hacer otra lectura de este material, en lo que se refiere a los componentes femeninos en el varón.

  • La sangre y la mujer

         Es curioso que el tema de la sangre de la mujer  no ocupe un lugar dentro del psicoanálisis. A pesar de que aparece reiteradamente en los historiales y en un trabajo muy importante de Freud.
 En Tótem y tabú (1913) investiga sobre la prohibición del incesto.
 Entre las principales prohibiciones a las que se someten las tribus primitivas, el tabú a la mujer “en sus estados excepcionales” (Freud 1913: 1760, 61, 62, 68, 72; 1810, 24) –menstruación y puerperio–  comparte todas las características de la prohibición del incesto, (hecho que debería llamar la atención por la virulencia de las prescripciones y su universalidad) la única diferencia es  que constituye  para Freud un “estado pasajero”, (1913: 1760)  razón por la cual se excusa de explorarlo cuando se refiere a los tabúes principales, como el de los muertos.
Sin embargo, la prohibición es permanente. Para los miembros de la tribu, no existe ningún día que esté permitido el contacto con la sangre menstrual. Su transgresión impone  castigos y actos expiatorios al igual que los otros tabúes. Pasajero es el estado enlazado a una mujer particular.
Investigaciones antropológicas advierten su importancia. “Este temor por la sangre del clan es particularmente intenso en el caso de la sangre menstrual y explica por qué, en la mayoría de las sociedades primitivas, las mujeres son, en principio a causa de sus menstruaciones y luego de una manera más general, objeto de creencias mágicas y de prohibiciones especiales.” (Durkheim: 1918) Citado por Levi-Strauss, quién refuta esta afirmación:
 “El horror por la sangre, y, en particular, por la sangre menstrual, no es un fenómeno universal. Los jóvenes winnebago visitan a sus amantes aprovechando el secreto a que las condena el aislamiento prescripto durante la duración de sus menstruaciones.”(Levi-Strauss. 1949: 55). El resaltado es mío.
No podemos coincidir con esta apreciación. Si se utiliza  idéntico razonamiento en el caso de la prohibición del incesto –regla universal que organiza a las sociedades, y que, según el autor separa a la naturaleza de la cultura– podríamos asegurar que no es universal ya que actos  incestuosos se realizan en el mundo y en todas las culturas. Aún entre las personas expresamente prohibidas.
El ejemplo de Levi-Strauss  demuestra, más bien, la existencia de una ley que prohíbe el contacto con las mujeres en ese estado.Un “aislamiento prescripto”, que se transgrede.
Coincidimos con la siguiente cita que Freud hace de Frazer:
“No acertamos a ver por qué un instinto humano profundamente arraigado habría de necesitar ser reforzado por una ley. No hay ley para ordenar al hombre que coma y beba o para prohibirle introducir sus manos en el fuego. Los hombres comen, beben y mantienen sus manos lejos del fuego instintivamente, por temor a los castigos naturales y no legales que se atraerían conduciéndose en contra de sus instintos. Lo que la naturaleza misma prohíbe y castiga no tiene necesidad de ser prohibido y castigado por la ley. La ley no prohíbe sino aquello que los hombres serían capaces de realizar  bajo el impulso de algunos de sus instintos. Asimismo podemos admitir sin vacilación que los crímenes prohibidos por una ley son crímenes que muchos hombres realizarían fácilmente. De este modo resulta que en lugar de deducir de la prohibición legal una aversión natural hacia el mismo, deberíamos deducir la de un instinto natural que impulsara a cometerlo.” (Freud. 1912-3: 1826).
Podemos convenir que si los hombres se prohíben el contacto con la sangre menstrual y la mujer puérpera –no con cualquier sangre– este hecho indica que sienten el deseo de hacerlo. ¿Por qué razón los hombres desean tocar  algo que ellos mismos se prohíben?
En el mismo texto encontramos la respuesta, Freud señala que el contacto es la primera tentativa de posesión. Los hombres desean poseer esa particularidad de la mujer. Aquellas mujeres que están menstruando o las que acaban de tener un hijo, con  las que hay que evitar contacto, promueven el deseo  de apoderarse de esas “pertenencias” exclusivamente femeninas.
El tabú a la sangre de la mujer esconde y revela el deseo de poseer aquello que tienen las mujeres. Como decía Abraham sobre la envidia, obtener lo que ve y privarla de lo que tiene.
  En relación a los pacientes,  dice  que “las huellas de sangre en las sábanas o en la ropa interior de la madre confirman las hipótesis sádicas del niño en relación a la actividad sexual. El ‘horror a la sangre’ de ciertos nerviosos sólo resulta explicable  relacionándolo con estas impresiones infantiles.”  (Freud. 1908: 1269).
El niño, como los primitivos, advierte que la sangre de las mujeres es, como la capacidad de tener niños, sólo de las mujeres.

 

Parte II. Envidia de preñez en el varón

En los estadios previos al establecimiento de la  diferencia de los sexos surge la posibilidad, teorías sexuales mediante, de que todos tienen pene y todos pueden tener niños.
 Si la niña quiere tener un pene como el del niño, es dable pensar que el niño quiere tener hijos como las mujeres.  A este hecho lo denomino envidia de preñez, hasta que sea posible encontrar una definición más precisa, creo que reúne todos los contenidos mencionados  que representa tener un hijo.
Freud asegura que la “salida normal” en la mujer es resignar el pene a cambio de un niño, propongo que la salida normal del varón es tener un hijo con una mujer. Para llegar a esta situación psíquica considero que el niño atraviesa tres fases.

Para la exposición, tomaré un recorte del historial de Freud conocido como el caso Juanito. (Freud 1909)  [Todas las comillas, salvo indicación, pertenecen a los historiales.]

Fase 1. Certeza de preñez

Esta fase podría enunciarse con la siguiente frase: Todos pueden tener niños.
Si embarazarse y parir es una posibilidad viable para ambos sexos podemos plantearla como una maternidad universal. La paternidad, como la pensamos los adultos, no existe sino como una maternidad del padre. Para la subjetividad ubicada en esta posición psíquica, la paternidad es igual a la de la madre.
En el historial leemos que ante la amenaza de llamar al doctor para que le corte “la cosita” [el pene], la madre le dice: “Y entonces ¿con qué vas a hacer pipí?”  Y el niño contesta: con el “popó”.
Existe una idéntica valoración, si le cortan la cosita, le queda la cola. Con la cual puede tener niños. Y, efectivamente, los tiene juega con ellos, los cuida.
El padre le pregunta: “¿Y quién te figurabas que te había dado todos esos niños?” Juanito responde: “¿Quién? Yo mismo me los había dado.”
El padre insiste, “pero ya sabes que un niño no puede tener niños” a  lo que contesta: “Ya lo sé. Pero me figuro que los tengo.” La  renegación, como dijimos más arriba,  es la primera reacción.

Fase 2. La sospecha y el conflicto

  Todo niño, inevitablemente, ve o escucha algo que desmiente la primera hipótesis. Comenzará a relacionar el embarazo con el  parto y estos sólo con la mujer. No sin resistencia, se abandona la teoría y se llega a la segunda frase: Sólo la mujer puede tener niños. Esta fase  puede desdoblarse en dos momentos, la sospecha y el conflicto. Es probable que el niño en esta etapa también asocie embarazo y parto con la madre cuando “se entere” de la sangre menstrual, cosa que a él no le sucede.
“El magno acontecimiento en la vida de Juanito es el nacimiento de su hermanita.
Le llevan luego a la alcoba; pero en lugar de mirar a su madre, contempla una palangana medio llena aún de agua sanguinolenta, y dice extrañado:
– ‘Yo no hecho sangre por la cosita’.”
Ante la vista de la sangre después del parto, Juanito sospecha que quizás él no pueda tener niños como su madre. Duda, cuando le dice a su padre “¿no es verdad que también soy tuyo?”  
  Es el momento de máxima tensión ya que el niño descubre que sólo la mujer puede tener niños pero aún desconoce el papel del padre en la fecundación. Intuye que no puede tener hijos y no sabe todavía que puede tenerlos. El conflicto se produciría por este desconocimiento. Otras teorías se desprenden antes de renunciar a la posibilidad de tener hijos: “Las niñas son del papá y las mamás tienen niños”.
 La segunda reacción es la esperanza. Le dice a su padre:
“¿Por qué no tienes tú una niña? Oh, sí; ya la tendrás, sólo tienes que esperar.” 

Fase 3. La huella del padre

 Empujado por intensos e incontrolables impulsos, prosigue la investigación y llega  a la frase:La mujer sola no puede tener niños.  
Se retiene un significado del concepto tener, el varón puede tener niños con una mujer.Este tercer momento se encuentra signado por el descubrimiento del papel del padre.
– “Lo  sé. Antes yo era la mami, ahora soy el papi.”
El caso que tomamos anteriormente es el de un niño, que llega a la frase de la tercera fase. Podríamos decir que el desarrollo se realiza sin grandes tropiezos.
Pero, cada una de las fases puede operar como punto de fijación en los caminos de la masculinidad, parafraseando a Freud, el varón puede regresar a la primera fase y renegar de su incapacidad de tener hijos como las mujeres; esperar indefinidamente  como en la segunda fase o resignar ese deseo y relacionarlo con una mujer.
Pero, ¿qué sucede si, en la adultez, la mujer elegida no puede tener hijos?
En los historiales de adultos publicados por Freud encontramos el hecho irremediable de que no pueden tener hijos, ni siquiera con una mujer. Este hecho es, quizás, el que produce modos de resolución patológicos. En términos de un factor perturbador externo-actual que reconduce a puntos de fijación y a la enfermedad.
Antes de examinar los casos quiero hacer referencia a la disposición resultante de períodos primitivos del desarrollo con los que se  enlazan los factores desencadenantes. Algunas particularidades sobreexcitan las tendencias normales.  “Aquellos niños que utilizan la excitabilidad erógena de la zona anal, lo revelan por el hecho de retardar el acto de la excreción, hasta que la acumulación de las materias fecales, produce violentas contracciones musculares, y su paso por el esfínter, una viva  excitación de las mucosas. En este acto, y al lado de una sensación dolorosa, debe aparecer una sensación de voluptuosidad.
La retención de las masas fecales intencionada, por tanto, al principio, para utilizarlas en calidad de excitación masturbadora de la zona anal constituye además una de las raíces del estreñimiento tan corriente en los neurópatas. Se refleja ello en el hecho de que se encuentran pocos neuróticos  que no posean sus  usos y ceremoniales especiales escatológicos.
 En los niños de más edad no es nada raro hallar una excitación masturbatoria de la zona anal con ayuda de los dedos y provocada por un prurito. (Freud 1905:1203).
Como veremos, los casos guardan relación con estas actividades particulares.

El caso del Hombre de las ratas (Freud 1909)
 El sujeto refiere que un capitán, conocido por su crueldad, del regimiento donde prestaba servicios, relató el tormento de las ratas, consistente en introducir estos animales por el ano.
Freud percibe en la expresión fisonómica del paciente algo que “sólo podría interpretarse  como signo de horror ante un placer del que no tenía la menor conciencia”.
El mismo capitán le dice al otro día que debía pagarle cierta cantidad de dinero  a un compañero. Con complicados mecanismos obsesivos encuentra la forma de no poder y desear saldar la deuda.
Dice que cuando escuchó el tormento se le impuso la idea de que “aquello le sucedía a una persona que le era muy querida”. Se trataba de su amada y luego se extendía a su padre que estaba muerto.
Freud refiere que la causa precipitante de la enfermedad es una duda que le impide trabajar y conectarse con la realidad. El conflicto que se le plantea es aceptar un matrimonio que “le asegura un brillante porvenir” proyectado por su familia. Elude por medio de la enfermedad resolver “si debía permanecer fiel a la mujer que amaba, carente de fortuna, o si debía seguir las huellas de su padre.” Casándose con una mujer rica (su madre).  Subrayé “carente de fortuna” porque, como veremos, el dinero, las ratas y los hijos se anudan en la perturbación.
“La idea del tormento de las ratas había excitado una serie de instintos y despertado una multitud de recuerdos, adquiriendo las ratas, en el breve intervalo entre el relato del capitán y su advertencia de que debía devolver el dinero, toda una serie de significaciones simbólicas. El tormento de las ratas despertó ante todo el erotismo anal que había desempeñado un importante papel en la infancia del sujeto, habiendo sido mantenido a través de años enteros por el prurito causado por las lombrices. Las ratas adquirieron así la significación de ‘dinero’.” El resaltado es mío.
“Así, pues, las ratas eran niños, según sus primeras y más importantes experiencias. Y en este punto comunicó algo  que había mantenido mucho tiempo alejado del contexto, pero que ahora aclaró por completo el interés que debían inspirarle los niños. La mujer que durante tantos años amaba sin poder decidirse a casarse con ella había sufrido la extirpación de ambos ovarios y estaba condenada, en consecuencia a la esterilidad. Tal era realmente la causa de su indecisión.” Carente de fortuna-hijos.
Recuerda que en la ocasión en la que el capitán le advierte que debe unas coronas se le ocurrió inmediatamente una idea burlona “Sí,  las devolveré cuando las ranas críen pelos.” Freud interpreta  que activado por el complejo infantil “la respuesta que se formó fue la siguiente: ‘Sí, devolveré el dinero cuando mi padre o mi novia tengan hijos.’ O, esta otra: ‘Tan cierto es que devolveré el dinero como que mi padre y mi novia pueden tener hijos’.”
A la vez, la trampa de la enfermedad lo obligaba compulsivamente a devolverlo por que si no lo hacía su padre –en el más allá– y su amada podrían sufrir el tormento. “Tal sanción reposa en dos teorías sexuales infantiles de las que ya hemos hablado, la primera es la de que los niños son paridos por el ano y la segunda deduce, lógicamente, de tal posibilidad que los hombres pueden tener hijos como las mujeres. El hecho de surgir por el ano puede ser representado por el hecho contrario de penetrar por el ano (como el castigo de las ratas).”
 El sujeto manifiesta con espanto la fantasía de que le ocurra una desgracia a su sobrina. Freud interpreta que tal fantasía expresa que si se casara con la mujer estéril “ello te dolerá tanto que te hará envidiar a tu hermana por su pequeña  y tu envidia acarreará la muerte de la niña.”
Podemos considerar que la forma y los contenidos que adquiere la enfermedad  relacionan tener con el significado de  parir.

El  caso del Hombre de los lobos. (Freud 1914).
Para el paciente sus años infantiles se encontraron signados por la competencia con su hermana, “la envidiaba”. Posteriormente las personas que elegía en sus experiencias sexuales en la adultez eran de condición muy inferior a la suya. “El factor decisivo en la elección de objeto erótico era una tendencia a rebajar a su hermana y a suprimir aquella superioridad.”
Voy a tomar tres puntos del historial que se relacionan con la envidia de preñez.
I. Sueño traumático. (Primer período de la enfermedad).  Freud analiza un sueño de angustia ocurrido en la infancia y lo  ubica como inicio de la neurosis infantil.
        En la noche de navidad, cuando cumplía cuatro años, tuvo un acceso de cólera porque también era el día de su cumpleaños y se creía con derecho a recibir el doble de regalos, detalle que sus padres no tuvieron en cuenta.
Soñó esa noche, que la ventana que está frente a él en su cuarto, se abre y ve en las ramas del “grueso nogal” seis o siete lobos que lo miran. Empezó a gritar y despertó.
Freud analiza los elementos del sueño construyendo una escena que el individuo, obviamente, no puede recordar. Una relación sexual entre los padres, presenciada alrededor del año y medio de vida. Interpreta que el lobo es el padre y la fobia desarrollada por el niño a los lobos es la escenificación del complejo de Edipo. El niño se sentiría amenazado por el padre (castración) por sus deseos incestuosos hacia la madre.
Sin embargo, podemos inferir por el resto del material que el sueño causante de la enfermedad se refiere, más bien, a una etapa anterior al complejo de castración en el cual el niño, como hemos reiterado, no conoce la diferencia de los sexos.
Sobre el lobo de las fábulas infantiles, que asocia el paciente, Freud juzga que “hallamos  que el lobo devora a alguien  y que luego le abren el vientre, sacando a las personas o a los animales devorados”. No podemos dejar de admitir que el lobo es la madre. “Si el niño se forma dentro del cuerpo de la madre, desprendiéndose luego de él, tal separación no puede tener efecto sino por un solo camino; esto es, por el conducto intestinal. En años posteriores surge una nueva explicación, la de que los niños nacen a través del ombligo o de una abertura practicada en el vientre de la madre, para extraerlos como a la Caperucita Roja, de la barriga del Lobo.” (Freud 1908: 1267-68).
El grueso nogal con niños-lobos-regalos (regalos infructuosamente esperados la víspera) es la representación del vientre materno, un embarazo cargado de niños-regalos.
El mismo Freud confirma esta hipótesis: “Aquel temprano recuerdo de nuestro enfermo, según el cual había producido un primer acceso de cólera por no haber recibido en nochebuena regalos suficientes, nos descubre ahora su más profundo sentido. Lo que echaba de menos era la satisfacción sexual, que aún interpretaba en sentido anal”. Y la ventana que se abre sola a sus pies, escenifica  un parto del sujeto.
II. Período religioso (segunda parte de la enfermedad) “Una de las primeras preguntas que le dirigió a su chacha es si Cristo también había tenido trasero y si también se hallaba sujeto a la necesidad de defecar.”
“Pasó a ser Cristo, personificación que le fue muy facilitada por el hecho de haber nacido en nochebuena.”
“Hasta entonces  no había tenido razón ninguna para suponer que los niños venían tan sólo de una mujer. Por el contrario, su chacha le había hecho creer que él era sólo de su padre, y su hermana sólo de su madre. Pero ahora oyó que María era la madre de Dios. En consecuencia, los niños venían de la mujer y no era posible sostener las afirmaciones de la chacha. Comprendía tan sólo que la relación entre padre e hijo no era tan íntima como se había figurado siempre.”
Estas explicaciones sembraron la duda sobre la teoría de la cloaca aproximándole al descubrimiento de la diferencia de los sexos.
“La nueva explicación fue rechazada y mantenida la antigua teoría, la cual suministró entonces el material de aquella identificación con la mujer, surgida luego en forma de miedo a morir de una enfermedad intestinal” y la preocupación por el trasero que vertió en la religión.
     III. Los trastornos intestinales (tercera parte de la enfermedad) “Ahora que investigamos los trastornos de la actividad intestinal nos hallamos en el terreno de la antigua teoría de la cloaca.” Aquí Freud reitera todas las significaciones del excremento que mencionamos, –placer voluptuoso; equivalencias (regalo-pene-niño)–.
El sujeto padeció tempranamente trastornos intestinales que comenzaron con su período de miedo. Significaban una identificación con su madre, ella había instruido a todos para evitar que los niños enfermaran de disentería. “El niño preguntó qué enfermedad era aquella, y cuando le dijeron que en la disentería salía sangre con el excremento, se asustó mucho y afirmó que así le estaba pasando a él. En tal temor quiso imponerse la identificación con la madre, de cuyas hemorragias había sabido. Así, pues, para él su madre sufría una dolencia intestinal y no genital. El órgano en el cual podía manifestarse la identificación con la mujer y, por tanto, la actitud pasiva homosexual con respecto al hombre era la zona anal.”
“No habrá de sorprendernos que en su enfermedad posterior padeció trastornos intestinales muy tenaces. Cuando acudió a mi consulta, se había habituado a las irrigaciones, que le eran practicadas por uno de sus criados y pasaba meses enteros sin defecar espontáneamente. Se quejaba de que el mundo se le mostraba envuelto en un velo. Y este velo se rasgaba tan sólo en el momento que la irrigación le hacía descargar el intestino.”
Freud interpreta la fantasía del velo como un nuevo nacimiento “sólo cuando se hace satisfacer por un hombre y le da un hijo” se siente de nuevo bien, pero ubica a esta fantasía en ese supuesto coito observado de los padres, donde la satisfacción está puesta en el coito y no en el parto. Considero un factor importante la retención, el placer de retener y la satisfacción de expulsar por haber retenido.
Embarazo y parto son sustituidos, en este caso, en los síntomas.

El caso Schreber Un caso de paranoia. (Freud 1910)
 No se trata de un paciente. El doctor Schreber, publicó sus Memorias y Freud  realiza el análisis a partir de la autobiografía de un enfermo grave.
Tras algunos episodios hipocondríacos que culminan en una breve internación, el sujeto escribe: “Una vez curado de mi primera enfermedad, viví al lado de mi mujer ocho felicísimos años, ricos también en distinciones externas y sólo turbados por haberse malogrado repetidamente durante ellos nuestra esperanza de lograr descendencia.”
Antes de que se desate la dolencia –que  obligó a la segunda y prolongada reclusión en instituciones para enfermos mentales– recuerda que cuando estaba despertando una mañana tuvo “la idea  de que debía ser muy agradable ser una mujer en el momento del coito.”
En la psicosis, dice Freud, los contenidos inconscientes se muestran sin disfraces.
Desde el ingreso al asilo –esta vez por muchos años– se defiende de la misión a la que está llamado: “Se me hizo claramente consciente que el orden universal exigía, me placiese o no, mi ‘desvirilización’  y que, razonablemente, no me quedaba otro camino que familiarizarme con la idea de mi transformación en mujer. Como consecuencia sólo podía pensarse en una fecundación  por los rayos divinos, encaminada a la creación de nuevos hombres.”
 “Una futura transformación en mujer, encaminada a hacer surgir de mi seno, fecundado por Dios, una numerosa descendencia.”
El enfermo relata alucinaciones cenestésicas muy vívidas en relación a esta transformación.
Dios estimula en forma milagrosa la necesidad de defecar. “Cuando al fin y al cabo realizo el acto de la defecación, dicho acto me produce siempre  una intensa voluptuosidad espiritual. El alivio de la presión provocada por los excrementos contenidos en los intestinos se refleja muy agradablemente en los nervios de la voluptuosidad. Por este motivo todos los rayos [de Dios] han estado unidos  en los actos de la defecación aunque se intenta siempre impedírmelo con el milagro contrario.” Por ejemplo, Dios produce al mismo tiempo idéntica inervación en otras personas para que ocupen el baño y él no pueda usarlo. O, siente que los excrementos son impulsados hacia delante y luego hacia atrás. Podemos leer  una prohibición en tan honda satisfacción.
“Los singulares caracteres peculiares [de las psicosis] el delirio de grandeza, el apartamiento del mundo de los objetos y la dificultad de conseguir la transferencia, nos han impuesto la conclusión de que su fijación dispositiva ha de ser buscada en un estadio anterior de la evolución de la libido. O sea en la fase del autoerotismo y el narcisismo. Tales formas patológicas se referirían,  pues, a coerciones y fijaciones muy tempranas.” (Freud 1913: 1740). El resaltado es mío.
El enfermo advierte también la inervación de sus senos, a los que puede percibir debajo de la ropa. Si alguien viera su torso desnudo “tendría la impresión de ver un busto de mujer”.
Escribe que se acostumbró a imaginar que posee un “trasero de mujer”  y que experimenta la sensación de una mujer, cuando se agacha a recoger algo. Todo su cuerpo “está provisto de inervaciones de voluptuosidad, mientras que los hombres sólo la hallan en los genitales.” Notamos que en ningún momento los propósitos de Dios se orientan a la castración sólo intenta infundirle atributos femeninos, aquellos por los cuáles un niño da cuenta de la diferencia de género. No hay vagina.
Refiere que estando acostado con un pequeño esfuerzo tiene un goce sexual de forma tan precisa “como el placer sexual de una mujer en el coito”.
Y, por último, “En mi propio cuerpo sucedió algo como la concepción de Jesucristo en el de una virgen; esto es, en el de una mujer a la que jamás había tenido acceso hombre alguno. Durante la época que pasé en la clínica se formó por dos veces en mi cuerpo un órgano sexual femenino, y sentí en mí movimientos como los primeros del feto humano.” Si los movimientos son intestinales – en el abdomen- el órgano podría ser el útero.
En este caso observamos la conservación de todos los significados de tener. El placer del coito con un hombre, los movimientos del feto,  sucesos del parto. Una mujer completa, aún  con pecho para amamantar.

 

Conclusiones

Las etapas tempranas han sido parcialmente profundizadas. Como consecuencia, las  premisas de las teorías sexuales infantiles, que tan importantes consecuencias pueden acarrear, no fueron plenamente estudiadas.
Creo que,  la sexualidad infantil fue uno de los descubrimientos pioneros de la teoría que nunca fue abandonado por Freud. En una de sus últimas comunicaciones, expone el caso de una neurosis que “ni siquiera llegó a la situación del complejo de Edipo. Las regresiones a las fijaciones de aquellas fases anteriores son cosa frecuente; en algunos historiales hallamos una repetición alternante de períodos en los que predominan la masculinidad o la feminidad.” (Freud 1933: 3175).
Parecería que cuanto más primitivas son las fijaciones tanto mayor es el daño manifestado.
  El descubrimiento magistral del complejo Edipo-Castración y la premisa de que para el inconsciente sólo existe la representación de falo o castrado –de lo cual no disentimos,  simplemente, lo consideramos un período posterior– ha obturado la investigación de otra esfera de fenómenos.
Considero a la envidia de preñez en el varón un componente de las etapas tempranas. En su exploración tropezamos con fases  de la teoría de la cloaca, el tabú a la sangre y la complejidad que entraña tener niños.  Lejos de constituir un equivalente de la envidia de pene en la niña,  tiene valor propio y consecuencias psíquicas en ambos sexos.
 Aunque no es tema de este trabajo, cabe preguntarse, por ejemplo, qué sucede con el abandono de la teoría de la cloaca por parte de la niña. Cuáles serían las consecuencias al descubrir que, sola, no es capaz de tener hijos.  Qué aspectos del erotismo anal debe reprimir para la vida sexual adulta.
Considero al estudio de los componentes femeninos en los estadios tempranos una deuda y un aporte del psicoanálisis a la problemática del género.

 

 

 

* Revista Zona Franca  Nº 19. (2010)
CEIM, Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres.
Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario

Bibliografía

Abraham, Karl. (1980) Psicoanálisis clínico. Capítulo XXII 259-284 (1920) “Manifestaciones del complejo de castración femenino”. Buenos Aires, Ediciones Hormé. 1980
         Freud, Sigmund. (1972). Sigmund Freud. Obras Completas Madrid, Editorial Biblioteca Nueva. 1948
Tomo IV

  • Tres ensayos para una teoría sexual (1905: 1169-1237)
  • Mis opiniones acerca del rol de la sexualidad en la etiología de las neurosis (1905[06]: 1238-43)
  • La ilustración sexual del niño (1907: 1244-48)
  • Teorías sexuales infantiles (1908: 1262-1271)
  • El carácter y el erotismo anal (1908: 1354-57)
  • La novela familiar del neurótico (1908[09]: 1361-63)
  • Análisis de la fobia de un niño de cinco años Caso “Juanito” (1909: 1365-1440)
  • Análisis de un caso de neurosis obsesiva. (Caso “El hombre de las ratas”) (1909: 1441-86)
  • Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia. (“Dementia paranoides”), autobiográficamente descrito (Caso “Schreber”) (1910[11]: 1487-1528)

 

Tomo V

  • Sobre una degradación general de la vida erótica (1912: 1710-17)
  • La disposición a la neurosis obsesiva. Una aportación al problema de la elección de la neurosis (1913: 1738-43)
  • Tótem y tabú. Algunos aspectos comunes entre la vida  del hombre primitivo y los neuróticos (1912[13]: 1745-1850)

Tomo VI

  • Historia de una neurosis infantil. (Caso del “Hombre de los lobos”) (1914[18]: 1941-2009)
  • Sobre las transmutaciones de los instintos y especialmente del erotismo anal (1915[17]: 2034-38)

           Tomo VIII

  • Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica (1925: 2896-2903)
  • Nuevas lecciones introductorias la psicoanálisis. XXXIII la feminidad ( 1932[33]: 3164-77)

Gardiner Muriel. (Compiladora) (1983). Los casos de Sigmund Freud. Tomo I. El hombre de los lobos. Buenos Aires, Ediciones Nueva visión.

 

Lévi-Strauss, Claude. (1985). Las estructuras elementales de parentesco.   Barcelona, Editorial Planeta- De Agostini.
 
Rodríguez, Jorge. (1990). “De un lugar a otro. Una lectura de “Sobre la
Transposición de las pulsiones y en particular del erotismo anal”. (251-279) Lecturas de Freud. Buenos aires, Lugar Editorial.
          - - - - - -                 (1988). Dimensiones del saber. Seminario de Post-grado. Cátedra niñez y adolescencia.  UBA

 


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