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ISSN 1853-2926

Origen del sufrir
Publicado el lunes 18 de julio de 2011 a las 16:34

 

 

ORÍGENES DEL SUFRIMIENTO

 

Me pregunto y algunas me preguntan: ¿se puede aprender sin dolor? ¿Se puede crecer, cambiar sin sufrir?

Curioseando un poco en las causas antediluvianas del  padecimiento encontramos –¡oh sorpresa!– que se lo debemos a las mujeres.

 

Según las crónicas, Pandora y Eva acarrearon  grandísimos  males a la humanidad. Para siempre.

Pandora nació como venganza de la divinidad después de una de las primeras peleas entre los hombres y los dioses.

Se usaba quemar los mejores cortes de la carne de buey con la grasa del animal como ofrenda a los dioses que, como todos saben, huelen desde lo alto. Prometeo le hizo una broma  a  Zeus, envolvió las vísceras y los huesos en el cuero del bicho en una bolsa grande y atractiva y en otra puso lo mejor pero en un paquete poco llamativo. El  supremo se tragó, literalmente, la trampa y rápidamente castigó el engaño privando a la humanidad del fuego. “¡Que se la coman cruda!”, dicen que gritó.

El ofensor se ingenió para robar el fuego en el hueco de una caña gigante.

La represalia del capo del Olimpo fue una mujer de arcilla,  engalanada por todas las diosas como obsequio a Epimeteo hermano de Prometeo (y sí, tenían esos nombres). En principio no la aceptó porque su hermano le había advertido que no recibiera ningún tipo de regalo olímpico, pero los hermanos no siempre dan pelota.

Pandora –que no era una caja, sino una mujer– se convirtió en la esposa de Epimeteo. Al poco tiempo, destapó un ánfora que Prometeo también le había pedido a su hermano que no abriera nunca. Donde encerró con esfuerzo todos los males que podían infectar a la raza humana: la Vejez, el Trabajo, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión. Todos se escaparon como una nube y entraron por los poros de Pandora y Epimeteo y así se desparramaron al resto de los mortales for ever. En el fondo quedó  la Esperanza Mentirosa que, según las fuentes,  convenció a todos de que no se suiciden.

 

También Eva, fabricada  con una ex costilla de su esposo de polvo, produjo catástrofes semejantes.

Un día, le pareció que sería bueno comer de un fruto que Dios le había prohibido a Adán (otra interna entre dioses y hombres y nosotras en la parte del medio del sánguche). Tentada por la serpiente se le figuró “el árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”. Dios los maldijo a los tres, a la serpiente, a la mujer y al hombre. A la víbora que se arrastrara por siempre; a la mujer le asestó: “parirás con dolor y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti”. Y al hombre que comerá el pan con el sudor de su frente. “Maldita será la tierra por tu causa, no te dará nada, sólo cardos. Tendrás que trabajarla.”

 

Lo primero que surge es una pregunta que no voy a contestar ahora, ¿por qué Pandora y Eva? ¿Por qué mujeres?

En los dos casos ¿Cuál es la ofensa? Y ¿Cuál  el castigo?

Al parecer la curiosidad; al parecer el trabajo y el dolor.

Y si jugamos con estos elementos, ¿Cómo se conoce, cómo se nutre, cómo se “alumbra”, sin trabajo, sin sufrimiento?

El movimiento del no-saber al saber, ¿no se hace acaso con el sudor de la frente? O, mejor dicho, ¿puede hacerse sin el sudor de la frente?

En cualquier esfera, desde aprender a usar la computadora, conocer a un bebé, a la pareja, estudiar una carrera…o siquiera conocerse o domarse a sí misma viene acompañado de tareas múltiples, imposibles de describir. Requiere morder el polvo de la torpeza, tolerar la frustración, soportar con infinita paciencia el tiempo necesario para lo que va a nacer.

Pero ¿es posible hacer todo eso con alegría, con gusto? Repito la pregunta del principio: ¿es necesario el dolor?

 

Y si pudiéramos sostener esa pregunta, como una duda responsable.

Si pudiéramos aprender con placer. Creo que no todo conocimiento, o la preciada sabiduría son un castigo o una condena. Más bien, sucede al revés: cualquier luz que se eche sobre algo libera y da satisfacción.

Y si fuera ese nuestro aporte y si  los mitos reflejan que nos gusta y no tenemos miedo de destapar ollas.

Y que los hombres y los dioses se las arreglen.

 

CONTINUARÁ.





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