El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Newsletters de psicología

Para suscribirte al boletin Mujer&Psicología de manera gratuita hacé click acá y completá tus datos.

 

ISSN 1853-2926

Los Celos
Publicado el lunes 18 de julio de 2011 a las 16:37

LOS CELOS 

¡Oh! terrible monstruo de un solo ojo. Mirada parcial que devuelve uno de los más intensos afectos humanos, más hondo que el amor y que el odio. Una combinación desmesurada y explosiva de los dos.

Decía un autor que los celos son una mezcla de amor propio e imaginación, me parece acertado.

Hay de varias clases:

 -los celos de hermanos, inagotable fuente de quebrantos hasta edades avanzadas, creo que no se cura sin trabajo.

-Los celos entre amigas, esa especie de posesión homosexual que se da, frecuentemente, en la adolescencia. Ella es mía y cualquier cosa que haga con otra, aún con su propia madre, es un ataque. Se va con el tiempo.

-Los celos en pareja, de los que nos vamos a ocupar hoy. Existen celos chiquitos, “normales” poco importantes que adornan la relación, él/ella  es alguien valioso, le gusta a la gente. En otro  extremo el desasosiego permanente, perseguir la mirada, alucinar intenciones, descubrir intrigas, hilar finito, desatar perros. Un tormento.

¿Tienen una raíz común? No lo sé, pero podemos averiguarlo.

En todo episodio de celos hay un ingrediente de amor propio: la sensación de humillación. Cuando ésta se agranda se vive como una caída, caer, y caer por un agujero, como Alicia. Un desvalimiento que resulta incomprensible para el causante, que sólo ofreció una taza de café, por ejemplo.

Pero nada es comprensible, y menos para quién lo padece.

Cuando se intenta abrir este engendro aparecen varias cuestiones. Generalmente no son tolerados, la propia persona quisiera no tenerlos, se avergüenza de sus sentimientos: “quiero que me resbale”, dice. Intenta controlarse pero no lo consigue. Calla y explota, tornándose cada vez más incomprensible, más “loca”.

Si agarramos el toro por las astas, como decía mi abuela, se despliegan innumerables posibilidades.

En una pareja, puede pasar que uno se haga cargo de los celos y el otro hace la plancha. Como cuando hay un miedoso en la casa que controla que esté todo cerrado, los demás descansan tranquilos y hasta se burlan de la inquietud del que se ocupa. Es un ejemplo, nada más.

En los casos extremos, cuando es tema, cuando irrumpe de una forma insoslayable y hasta es responsable de discusiones y rupturas. No siempre se juega el mismo condimento. Por eso, es delicado generalizar.

Cuando los celos impiden vivir, tendremos que descubrir en cada caso particular en qué consiste la ofensa.

Puede ser que se necesite la permanente confirmación de que todo está bien, cualquier mirada distraída que se aparte del ombligo resta realidad, la persona se pregunta: ¿quién soy? o ¿qué soy? Nunca son suficientes las experiencias de reaseguro, cualquier agujerito desliza al abismo.

Otras veces los celos son sólo una pantalla que esconde como una cortina de humo frustraciones personales, insatisfacción y espejo feo que le encajamos al otro. O esconde un miedo inimaginable, miedo a vivir, a ser.

Esto merece una pequeña explicación y no sucede sólo con los celos. A veces, lo único que una persona tiene es una especie de identidad, –lo que señalé en otro boletín como argumento básico existencial– pero esta filiación además de falsa es negativa. Si fuera conocida porque cocina bien o porque tiene lindas uñas o formas de pensar, vaya y pase. Pero definirse, ser,  por algo desagradable y molesto, como anoréxica, adicta, alcohólica, obsesiva, atacada de pánico o celosa evita llegar a saber quién se es. Esa identidad falsa por un lado protege pero por otro jode  Por suerte, lo molesto impulsa  a darle bola.

En el fondo se está jugando la dependencia. Cómo cuando era bebé necesita de alguien que se ocupe incondicionalmente. Que cuide, proteja, (son dos cosas distintas) mime, sostenga y que la personita ocupe todos los pensamientos del atendedor. Eso, sin darse cuenta, hace más o menos una madre Salvo que esté muy loca, preocupada por una guerra o físicamente enferma

En la adultez, a veces se busca en ese otro afín este tipo de cosas que, por supuesto, el partenaire no las puede dar y si las da, deja de ser excitante y hasta produce rechazo. Si cuida como una madre buena aparece un tufito a incesto que mama mía.

Si la demanda es muy radical, la persona  vive con la sensación permanente de ser estafada. Nunca  recibe lo que necesita. Si  proporciona lo que puede dar un simple mortal, no atiende aquellas primitivas y vitales necesidades, no brinda sostén. Pero, si se ocupa del suministro de cuidados deja de ser un par erótico. Esta trampa crea rencor, pero, sobre todo, la dificultad enorme de ser comprendida, aún por la propia “víctima”. Otra mezcla de reactor nuclear: indecibilidad (no puede pedir lo que necesita) y exigencia.

La llamarada de los celos se traga todo. Medea mató a los hijos que tenía con Jasón porque el caballero iba a casarse con una princesa. Como castigo.

¿Cuántas veces, la celosa  mata lo que ama? ¿Por qué es más fuerte el dolor que causa el otro que el gusto por la propia existencia? 

Lamentablemente, o por suerte, no hay una sola respuesta.

 

 

  

 

 

 





Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

Nadie ha comentado aún este artículo

 

Política de privacidad: las direcciones de e-mail obtenidas a partir de una consulta por la Web o de la suscripción de nuestro Newsletter no serán jamás comercializadas ni cedidas bajo ningún concepto.

El material publicado tiene el propósito de brindar información sin que ello implique responsabilidad sobre la misma. La lectura del sitio no constituye consejo profesional ni crea relación alguna de asistencia. Quien accede a recibir voluntariamente este Newsletter acepta que toda la información del mismo, errores u omisiones en los que pueda incurrir no podrán ser utilizados como base de ningún reclamo, demanda o causa de acción legal.

Si Ud. desea publicar alguno de estos artículos, por favor solicitar autorización.

Listado de boletines:
- Tomar pastillas
- Madres suficientemente malas
- El infierno de las citas
- La crítica
- El rencor
- El miedo
- Cambiar
- La culpa se elabora
- Decir la verdad
- Contracuento
- Lo que se echó a perder
- Soltar
- Adicciones
- Tips para Comenzar
- La Felicidad
- Sabiduría
- Injusticias
- Amistad
- Autoestima
- Saber hacer
- Paciencia
- Volver a empezar
- Carnaval
- Felicidades
- Cuidados Sospechosos
- Identidad Sexual
- Comprar todo hecho
- Los Niños
- Nuevas Enfermedades
- Complejo de Evita
- Cómo quedarse sola(o) para siempre
- Celos, lloros y samaritanismos
- Futurológicas
- Balance
- La Neura
- Por qué? Por qué?
- Mandato o elección??
- Sobre el dolor
- Instantaneidad
- Querés cambiarlo?
- Conocer Gentes
- El Peso
- Cultivar el Ocio
- Gozadumbres
- Estar en Barbecho
- El Bajón
- Bajá un cambio
- Maldita Tecnología II
- Maldita Tecnología
- El amor según Holliwood
- El Silencio
- Cansa estar alerta
- Cómo manejar el dinero
- Fondo duro, trato amable
- La Alimentación
- Cuidar el cuerpo
- 4 cosas para el buen vivir
- Las Lolas
- Los Celos
- Incertidumbres
- La curiosidad
- Lo femenino
- Origen del sufrir
- El Stress
- Vivir Disociadas
- En qué invertir?
- Fin de Año
- Envejecer?
- La Fruncida
- Si te gusta, cuidalo
- Elegir un tipo particular
- Padres que envejecen
- Cuando él se aleja
- Me siento mal
- A quiénes me dirijo

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player


Ubicación:
Coronel Díaz y Cerviño (C.A.B.A.)
inicio | quién soy | artículos | el libro | boletín | literatura | redes profesionales | contacto

.:: Diseño web: Zaikoms