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ISSN 1853-2926

La Alimentación
Publicado el lunes 18 de julio de 2011 a las 23:25

La alimentación
 
Por rachas, quien más, quien menos vive pendiente de la comida, creo que es importante la influencia de la comercialización de productos, revistas y programas televisivos dedicados a las dietas.
Cuando estuve en México me llamó la atención que la mayoría de las propagandas de la tele eran de digestivos, especialmente, antidiarreicos, también, con la comida kaput que tienen. Pensé, unos por mucho, otros por poco… aquí la mayoría son para regularizar los intestinos ¿será que la nuestra es muy astringente para cuerpos normales?
Volviendo al proyecto de la zaga, preguntarnos sobre las cosas que no nos enseñan y sin ánimo de encolumnarme con ningún gurú de la vida sana, quiero arrimar cuestiones, un poco por las nuevas generaciones ignorantes por siempre de que hasta hace pocos años existían las cuatro comidas diarias y creen que la oferta actual es maravillosa porque es la única que conocen.

No voy a dar un curso de nutrición, sí quiero poner el acento en ¿alimentos? (ya verán por qué con signo de pregunta) que tienen preeminencia, por la frecuencia del consumo y las consecuencias calamitosas que acarrean. (Quiero hacer un pequeño paréntesis, promover “lo malo” de algo no es una buena política, por eso fallan muchas campañas de prevención, las personas sanamente, hacemos la vista gorda y nos enrolamos  en el porcentaje que zafa, pero tampoco es tan fácil identificarse con un futuro e intangible bienestar físico, una no puede imaginarse cómo se sentirá si consume o no tal cosa).

Volviendo: existen tres elementos profusamente ingeridos que en dosis extremas producen trastornos y daños irreversibles: las grasas, el azúcar y la sal. Nuestro organismo programado milenariamente no está preparado para la asimilación de altos contenidos en una sola toma. Esa concentración no existió jamás en la historia, ni en la prehistoria de la humanidad. Es mentira que siempre fue así aunque Vilma y Pedro vayan a la heladería o coman pochoclos en el cine.
La grasa que veíamos cortar al carnicero y arrojar al piso (ahora viene en bandejas y nos perdemos ese espectáculo), circula por las calles en camiones malolientes rodeados de moscas, materia que se utiliza, entreverada con muchísima azúcar, en golosinas que cariñosamente ofrecemos a los infantes, acompañadas de bebidas también saturadas de almíbar.
Se dice o se cree devotamente que a los chicos “les gusta”, esta fe carece de fundamento: una criatura recién aterrizada en este planeta no “está de vuelta”. En realidad no tiene la más pálida idea de nada, la oferta debe ser variada como las experiencias. Jugar con un bicho bolita o un escarabajo es lo mismo que aprender a usar la compu, probar manzanas o chizitos, deshojar una mandarina o andar en bici. ¿Se puede preguntar “qué querés” a alguien que no sabe? Quiero agregar que además es una gran MENTIRA, le hacen creer a su alteza la crianza que ejerce una tiranía cuando en realidad las decisiones para mudarse o vacunarlo (salvo que estén muy locos) las toman los padres.
Por qué se ofrecen en los kioscos de las escuelas y en las meriendas y salidas familiares tanta “dulzura” o “salinidad” en bolsitas brillantes orientando el gusto, formando el paladar virgen hasta conseguir que no acepte agua cuando tiene sed.
Además de los negocios fabulosos, del que nuestros hijos se convierten en rehenes, mercados cautivos les dicen sin pudor. Las madres, ¿somos franquicias o socias de esas industrias?
Vuelvo a preguntar ¿por qué será?
Nosotras, madres, mujeres y argentinas permanecemos curtidas por la publicidad o por los cánones culturales. Cuando era chica si rompíamos mucho nos daban mejoralitos. Hoy se ofrecen otras pociones. Los chicos rompen siempre y las madres tenemos diferentes niveles de aguante. El desafío no es con qué sobornar o anestesiar sino aprender a tolerar los estados. Si un pendex llora, está inquieto, curioso, aburrido, excitado, triste, ansioso o hincha no personifica la escarapela del “fracaso” materno, al contrario, indica que tiene confianza, que puede mostrar sus sentires. Si la persona encargada no los soporta se hace poco confiable y la golosina es una estafa. Satisface otra cosa, algo que no se estaba pidiendo. Un chocolatín en lugar de un abrazo o un gramo de serenidad. Lo que agrega otro problema, se enseña que hay que tapar cualquier cosa que aparezca con “algo dulce”.
Quiero hacer hincapié en este punto, hace más de cincuenta años una psicoanalista norteamericana escribía los siguientes dichos a los que adhiero: “Preocupados a causa de los supuestos peligros que las frustraciones entrañarían por sí mismas, muchos padres se han dejado llevar mucho más lejos de lo que intentaba el propio Freud, abandonando toda intervención en la conducta del niño con el pretexto de que podría ocasionarle algún trauma.
En la adultez, desempacharse de cosas atragantadas no se consigue descorchando una botellita violeta por más globo desinflado que prometa.
 
Volviendo al azúcar agrego un dato que aprendí una vez, lo dulce para la milenaria medicina china (me estoy inclinando en una solemne reverencia) favorece los pensamientos rumiantes. Según los sabios, (otra reverencia) se establece un círculo en el que la “neura” reclama más glucosa y se rumia más. Se siente alivio momentáneo, otra vez a “enroscarse” agotar la reserva y así. Imposible afirmar que efectivamente suceda pero explica muchas tendencias actuales. De todas formas no conviene otorgarle tanto poder a la alimentación sobre el carácter, Hitler era vegetariano.
 
Más que prohibir, (ya que el mensaje sería “si te portas bien, comerás unas porquerías”) hay que apuntar a la diversidad, gran maestra gran. Garantiza cubrir necesidades y gustos. Ya sea que la alimentación incluya colorido (rojos, verdes, blancos, naranjas) o como dicen otra vez los chinos (¿más reverencias?) que el plato contenga raíces (papa, zanahoria, cebolla, rabanito); tallos (apio, acelga); hojas (ya sabemos); flores (coliflor, brócoli) frutos (tomate, berenjenas) y semillas.
La variedad permite probar, crear, di-vertirse: tener más de una versión.
 
Dicen que sabiduría viene de saborear, no estoy segura pero me tienta. Conocer profundamente algo y con gusto. Y Nietzsche, que es un guacho, escribe que una buena digestión da sensación de poderío y hace creer en Dios. Imaginemos lo contrario. 
Cuando alguien atraviesa una crisis, aconsejo cual china:
“Comé bien, dormí bien y no tomes decisiones”.
Provechito.
 
 
 




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