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ISSN 1853-2926

El Peso
Publicado el lunes 23 de abril de 2012 a las 12:01

 
El peso


La idea o la figura que una persona tiene de sí misma se “arma” con diversas imágenes. Visuales: fotos, videos y espejos malditos. Sonoras: comentarios, lo que otros dicen, lo que se escucha al pasar, lo que se dice de otra “mirá esa”, piropos. Propioceptivas: probarse ropa, caminar, abrazar. Correr el colectivo, agacharse, subir escaleras, ser tocada, agarrar. O el odio que produce que alguien roce un rollito. Toooodo eso junto, devuelve una imagen del cuerpo.

 A veces, los matices sensoriales se reducen a un número, 54, 80, 100 y algo (“x” kilos).

La persona pasa de sentir a vigilar dígitos en un aparato, amordazando ¿qué?
El peso se convierte en la señal por excelencia. Y la balanza, un faro que mide y buchonea  un inestable “estar bien”.
 
Hoy planteo una situación particular en la que no existe un peso con el cual estar confortable. Un poco fatal porque tenemos la costumbre de andar con el cuerpo por y para todos lados. La incomodidad se arrastra día tras día, hora tras hora.
Si esta especie de decepción y fastidio con una misma se centran en la balanza, Houston, tenemos un problema.

Sé, por experiencia, que nunca habrá un número satisfactorio.

 Por ejemplo, gentitas que mirando sus propias fotos de años atrás se ven bien y claman por tener ese peso, peeero recuerdan que en ese momento no les gustaba ni disfrutaban de ese cuerpo.

Parecidas a las melancólicas de Freud que se hacen reproches, se auto-denigran y no se reconocen jamás, ni aún en el pasado, de una manera en la que se podrían querer.

 

En ocasiones, el peso oculta otro problema, se le atribuyen a los gramos la locura que provocan las redondeces, lo que no cierra no son los números sino las curvas.

A las mujeres, para llegar a ser eso: mujeres, el cuerpo nos cambia muchísimo en poco tiempo. El pasaje del cuerpo de nena al cuerpo de mujer acarrea enormes diferencias y suele suceder de una estación a otra, la ropa del invierno pasado es inservible. Para colmo nos cambia varias veces en la vida. Un embarazo, la menopausia y chau. Cuesta volver a re-encontrarse con esa extraña.

Menstruar, ovular producen números delirantes si alguna sacrificada tiene la ocurrencia de pesarse en “esos días”.

 

Los kilos apoyan en la fucking balanza las piedras de la angustia de lo imprevisible. Desesperan, como Alicia que se entra a agrandar y no puede ver más allá de su cuello porque le tapan la visión la copa de los árboles y no sabe si eso de crecer va a parar. El peso, medible y pensableocupa el lugar de lo irremediable e impensable del crecer, cambiar, transformarse… vivir.

 

Cualquier desfasaje entre el crecimiento físico y el mental, –una  nena que todavía juega con muñecas y un camionero le dice barbaridades, por ejemplo– alteran sutil pero indeleblemente esa relación privilegiada y secreta con el cuerpo propio.
Se pierde la confianza. Una confianza que una no sabía que tenía hasta que la perdió. ¿Cómo se recupera? ¿Con kilos "mejores"?

 

En esos momentos del despertar de las hormonas, una se imagina con forma de pera gigante, la otra siente vergüenza de protuberancias que las compañeritas todavía no tienen; aquella le parece que si le agregan unas cuerdas sería una guitarra. Se cree, entonces, que el desacuerdo  “sale en la foto” de la balanza, que el número indica el valor justo de la incomodidad y que bajando de peso se retrotrae el almanaque, y no m’hijita así no es…
 
El caso del ejemplo, y otros grados de abuso, se manifiestan con un rechazo a ese cuerpo que “provocó” una situación desagradable. En algunos casos se engorda o adelgaza infinitamente, intento de disimular o hacer desaparecer las “formas”.
 
El rechazo se refuerza con la presión cultural, los modelos en lugar de hacerle “sana, sana” a la culonita precoz, son cómplices de los agravios. Favorecen y promueven la mala relación con el cuerpo, caderas genéticamente programadas por milenios deben borrarse como si fueran manchas de la ropa. Lo que vende es la no aceptación. Y lo que llena de oro a algunos “arregladores” se basa en que las personas se lleven mal, muy mal, consigo mismas.
En general este estado genera ansiedad que no calma con ningún  chupete del consumo.

 

Y, (ya sé que lo dije muuuchas veces y lo diré siempre) porque ahora tenemos y manejamos dinero. Nos matamos teniendo múltiples funciones para que nos den unas monedas que, rápidamente nos quitan para “arreglarnos” y prometernos felicidad. Miles de compañías de numerosas empresas no existirían si las mujeres no tuviéramos un mango. Ver http://tinyurl.com/7kntojx
 
¿Que expresa  el rechazo “global”, en la balanza? ¿Miedo al cuerpo? Cuando alguien no se reconoce en el cuerpo no lo habita, no tiene residencia ni se aprueba a sí misma.
Paradójicamente, las personas que menos se toleran son las que más buscan aceptación. 

 

No hay antídotos para este veneno, se impone firmar la paz cuanto antes con el cuerpo que soy. Escribirle esta vez una carta de amor.
¿Demasiado sentimental?   Mejor probar y sorprenderse con lo que sale.
 
Hasta la próxima!

 

 




Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

Sole dijo: el jueves 26 de abril de 2012 a las 23:02
Silvia querida siempre es sabroso leerte.
El cuerpo como mapa de vida de cada una, donde se escribe nuestra historia, hermoso!

Mirta dijo: el jueves 26 de abril de 2012 a las 22:57
Querida silvia, gracias por tantas bellas guias para seguir por esta vida.
Le dijo: el jueves 26 de abril de 2012 a las 19:28
Una vez más rescato: el laburo es de adentro hacia afuera. Sino es la historia sin fin...caemos nuevamente en la solución mágica que no alcanza, hay que estar atentas!!!
Gracias por mantenernos alertas!!

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