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ISSN 1853-2926

Conocer Gentes
Publicado el lunes 21 de mayo de 2012 a las 22:34

 

 Visitar museos
 
Cuando se trata de conocer gente, de esa con la que interna e intensamente  se desea “compartir todo” por siempre jamás, es casi indispensable llevar en la cartera, mochila, bolsillo o entre los dientes como hacen los taxistas con el papelito de la dirección, el utilísimo concepto de visitar museos.

 

Un ejemplo, se miran tres veces en el trabajo, la facu, el gimnasio; un par de mensajitos; toman una coca y ya la mente desbocada brinca gritando ¡ES Él!

 

Según algunos autores que venero (Camus, Marguerite Yourcenar) la culpa la tiene la novela francesa que enturbió por siglos, por no decir para siempre, los corazones inflamados y las cabezas afiebradas de novatas y expertas por igual.
 

 

A partir de ese grito silencioso se pone en marcha una fábrica de telenovelas, ya que nadie anda leyendo novelas francesas. Claro, el nivel bajó, los argumentos son un poco pedorros, pero no importa, hay que arremangarse y ponerle glamour.

 

 
Visitar museos es una alternativa saludable a esa maquinaria, significa recorrer galerías, experimentar con todos los sentidos muchas obras, admirar hasta enamorarse, si se quiere, de un hermoso cuadro o escultura, un Van Gogh, por ejemplo; pero de ningún modo llevárselo a la casa.

 

 Aquí vienen las adoradas explicaciones: “Para Siempre” arruina cualquier disfrute porque:
 
1.   No se sabe si va a gustar verlo colgado todos los días en la pared, o si se encontrará siquiera un lugar donde ponerlo.

 

2.   Le quita libertad a cada uno de los actos propios y ajenos (debajo de un microscopio, se observa como mueve la patita). Si abrió la puerta, si dejó propina. Si da la mano por la calle, si hace ruido cuando come. Todas las tonterías personales se convierten en trascendentales, como si una peca en el Van Gogh mereciera estudios sobre si se trata de la caquita de una mosca o un touch de pincel.

 

3.   Llevarse una “obra de arte” acarrea contratiempos, demanda gastos de dinero, tiempo y energía. No poder salir, ver amigos, para quedarse a cuidarla…

 

4.   Los demás opinan sin que se les pregunte (especialmente la barra brava femenina): que el cuadro es muy grande, muy chillón, medio estúpido; que se parece a; que sería mejor si.

 

 
Fuera de la metáfora del arte, visitar museos en la vida real de las relaciones quiere decir salir sin expectativas forzadas y con varias personas interesantes sin esperar un encuentro con ese ÉL que se construye con ansias moderadas, de puro pedo y con tiempo.

 

Llevarlo a la casa significa presentar amistades, parientes y vecinos prematuramente. Esa presentación no fortalece el vínculo, por el contrario, muchas parejas que hubieran podido llegar a serlo se quebraron antes por el apuro de atar lazos.  

 

Una amiga española que tienen una especial delicadeza para las metáforas declara: “si te gusta el chorizo, no tienes por qué llevarte todo el chancho a tu casa”. Menos la carnicería entera.

 

En ocasiones, aun a sabiendas de que puede fallar, algunas personas se empecinan con lo primero que se les cruza ¿Por qué será?

 

Sin sacar la ficha de nadie, quien esté libre de troncos en el ojo que tire una piedra, parecería que se tuviera miedo a conocer. Paciencia, ya aclaro.
Conocer implica tolerar ignorancia.  Se puede hacer de cuenta que se sabe agregando, quitando, especulando, decidiendo y armando una idea propia sobre ese ser esencialmente desconocido.

 

Cuanto más se adorna, atribuye y se lo explica/justifica como a una mascota, “está celoso”, “tiene frío”, “no quiere crecer”, etc., más seguridad brinda porque se lo va transformando en una posesión, el resultado de una invención personal muy querida.

 

Una ya invirtió, pagó una que otra depilación, aumentó la cuenta del celular y hasta se compró ropa para el bautismo del sobrinito y el regalo además. Sin contar un par de trasnochadas y dejar de garpe alguna amiga POR ÉL.

 

 Entooonces se desata una tarea agotadora, ya que me lo quedo voy a cambiarlo, forjarlo acorde a mis gustos y necesidades. Houston, tenemos un problema. Pero esto es tema de otra entrega.

 

 No todo son cardos y espinas, muchacha:  la parte grácil, liviana, deliciosa de visitar museos es ir descubriendo relajada lo que venga sin rótulos ni bombachas veloces, ni creer que todo lo que se diga o haga es trágico e indeleble. Transcurrir con asombro la rara aventura de ir haciendo camino al andar. Pasear un rato; compartir un poco, no mucho; aflojar con los mensajitos. Como pisando hielo.
 
Una más y no jodemos más: este concepto de visitar museos puede ampliarse a otras zonas de intercambio global (un hijo, una ciudad, un jefe) siempre que haya que conocer algo nuevo. Dejarse impregnar lentamente por lo que ese otro va mostrando evita desilusiones y rabietas cuando no es como yo creía.

 

Como dice un refrán africano Hay ojos que se enamoran de las lagañas.

 

Continuará…




Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

Lau dijo: el domingo 27 de mayo de 2012 a las 18:03
Ud. toca zonas sensibles, Maestra! Toca zonas sensibles... gracias!!! Muy bien escrito, como siempre!
Sole dijo: el domingo 27 de mayo de 2012 a las 17:57
Mi querida Silvia si lo hubiéramos sabido desde la adolescencia nos habríamos ahorrado montón de tonterías, cierto? La idea es cierta, fluir como la vida que no necesita explicaciones, justificaciones, modelos, en fin, solo se manifiesta y va haciéndose sin permiso de nadie...
Le dijo: el miercoles 23 de mayo de 2012 a las 14:35
Muy bueno! me hiciste reir! (del texto y de mi misma)No es fácil sobre todo lo de llenar con imaginación todo lo que no se conoce y "endiosar" de ante mano, me pasa en muchos ámbitos: Un docente, una dentista... la lista es larga!
Mirta Núñez (coach personal, abogada de familia y sucesiones, psicóloga social y demás yerbas) dijo: el lunes 21 de mayo de 2012 a las 23:21
Silvia: cuando empecé a leer tu boletín de hoy y hablaste de visitar museos antes de continuar pensé: "Ja, mirá qué ingeniosa...debe haber descubierto que en los museos hay tipos solos y cultos y que lejos de ser un lugar solemne y aburridor puede ser un interesante lugar de levante para las solas y solos", ja,ja,ja...Pero no, era otra cosa. Con vos siempre todo es otra cosa...Ta bueno el artículo y aunque parezca simple lo que más rescato es el "cortá con los mensajitos". Tengo una amiga que suele engancharse con tipos casados a los que ve cuando ellos pueden, quieren o tienen ganas. Ella es soltera y aspirante a ser esposa de alguno. Este tipo de hombres, que tiene mujer, hijos, amigos, practica tennis 2 veces por semana y todo eso es más importante que la amante, suelen mantener la relación (?) inmominada mediante mensajitos de texto. "Ay, - dice mi amiga - todos los días me manda mensajitos. Lo hace a cada rato. Ya hace 2 años que salimos". ¿Que salen? ¿Cuánto hace que no lo ves? "Bueno, ahora está con mucho trabajo, además se está separando, debe hacer como 2 ó 3 meses que no nos vemos. La última vez me invitó a verlo jugar al tennis (¡ a verlo jugar al tennis?) y de ahí fuimos a ...bueno, ya sabés". El tipo no le hace un regalo para el cumpleaños, no la ve ni siquiera una vez por semana, LE MANDA SMS TODOS LOS DIAS y así parece "que están saliendo". Hará un mes mi amiga se mudó. Quien sea mujer y sola y tenga que mudarse sabe que ese es uno de los momentos donde más se necesita la presencia de un hombre. Este amante latino cibernético ni aportó. No la ayudó a llevar nada. Eso sí, "le hacía pata mediante mensajes de texto".
Saludos a todas y no se la crean cuando lo único que reciban de un nombre sea mensajitos. Hechos, no sms.
Mirta Núñez
www.mirta-nunez.com.ar

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