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ISSN 1853-2926

Sobre el dolor
Publicado el martes 21 de agosto de 2012 a las 22:52

Hola! Gracias por los comentarios. Pueden dejarlos en la página www.silviafantozzi.com.ar  al pie del boletín correspondiente o enviarlos respondiendo este mail.
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Hoy vemos las estrellas…

 

Sobre el dolor

 

Muchas mujeres padecen dolores y lo manifiestan.  Los laboratorios escuchan este clamor y transforman las quejas en un simple, impúdico y colosal negocio ($$$, para ellos) con el auxilio de una ciencia arbitraria que les dona nombres  –fibromialgia, por ejemplo– para aprovecharse mejor.

Muchos malestares y molestias no obedecen a una causa orgánica.

Ya en 1905 Freud describía un numeroso grupo de pacientes que se destacaba por la variedad y exuberancia de los síntomas, personas con:
- dolor de cabeza que no pueden realizar ningún esfuerzo mental ni concentrarse en nada;
- ojos que molestan para leer (agreguemos, ver tele, mensajes de texto y etc.);
- piernas que se fatigan al caminar, doloridas o embotadas;
- digestión perturbada por espasmos y revoluciones;
- estreñimientos  que tienen cierta normalidad en el tránsito solo con ayuda de medicamentos;
- insomnio, terribles problemas para dormir.

Los trastornos  se presentan simultánea, sucesiva o parcialmente; cambian de lado, brazo derecho por codo izquierdo, cabeza por estómago, con lo cual la persona que ayer emputeció a toda la oficina con el dolor de oído, hoy renguea.

Pero, calma no moralicemos, dice Freud,  “en todos los casos corresponde a una única enfermedad que tiene por único origen una influencia alterada de su vida psíquica sobre su organismo.” 

Como decían mis tías, eso que te pasa, querida,  es nervioso.

Claro que con este cuento los médicos  se sacan de encima todo lo que no pueden “arreglar” con pastillas, con el lema “Vaya al psicólogo!” disfrazado de apertura mental y progresismo convierten a la práctica psi en una tiendita de milagros.

 

Quizás no sea tan conveniente quitarse rápidamente esta clase de dolor como si fueran las pulgas del perro. En ocasiones,  la molestia provoca alivio en alguna otra parte, ya me explico:
Conocí a un chico en un viaje, muuuy tatuado y tatuador.  Jugando con la curiosidad y la teoría de una colega sobre los tatuajes y la posibilidad de localizar el sufrimiento en el cuerpo,  quise saber cuál fue el primero y se lo pregunté.
 –Éste– me dijo, poniéndose el dedo en el nacimiento del cabello rapado. –Es el día que mi viejo se murió, la fecha…

Entonces el dolor no sale, se guarda y se suelta en esos agujetazos, por un rato. Pude comprobarlo unas cuantas veces. Pero, ¿de qué sirve saber esto?  Nada más nos arrima que cuando duele posta, se borran las fronteras entre lo físico y el alma.

Un francés estudioso del padecimiento escribió: tengo angustia,  soy dolor.

Asegura  que cuando el sufrimiento es manifiesto, ruidoso, repetido, sirve de pantalla al “verdadero” dolor. Lloro y grito acá, pero sufro allá y para peor, ni siquiera sé dónde. Como la reina de Alicia detrás del espejo que dice Ay!, y Alicia le pregunta qué le pasa y su majestad  le contesta que en un rato se va a poner a coser y se va a pinchar con la aguja. Por ejemplo, esos días en que se vuelca el café y te ponés a llorar, porque algo se va a romper o ya está roto pero nadie se da cuenta.

Esta conducta de tero (poner los huevos acá, y chillar en otro lado) muestra que en las peores decisiones (aunque no tengas ningún tatuaje) casi siempre hay detrás una herida –grande o pequeña – que intenta ser disimulada.

Las mujeres podemos dar cursos sobre quebrantos de toda índole, nada más que no estamos enteradas de todo lo que sabemos. Sobre eso escribieron los hombres. Hace poco dejamos de ser analfabetas y chupamos con avidez opiniones que NADA tienen que ver con nuestra naturaleza.

Desde la lejana Biblia para acá, el sufrimiento femenino está pronosticado y asegurado: “con dolor parirás tus hijos” ¿el demonio inventó la anestesia? Podría despacharme  extensamente sobre la envidia que destila esta frase, pero soy mujer y aguanto (hasta algún otro boletín, tampoco la pavada).

Hay muchas clases de dolencias, el dolor de vivir, para quienes tienen algo o mucho que reparar de fallas familiares antediluvianas.

O el peso de los años, como se queja con sabiduría mi tía Lola (¿en qué estarían pensando mis abuelos cuando  le pusieron Dolores?) Bien, mi pobre tía recita:

 “No hay sábado sin sol, joven sin amor, ni viejo sin dolor. No hay, mi hija, no hay.”

Existen épocas heroicas para ciertos malestares, las histéricas, por ejemplo, le enseñaron todo a Freud con el alarido de sus cuerpos escarmentados.

Hoy, ¿es más fácil engañarnos con purgantes y clonazepillos?

 Todavía hay mucho que aprender-se-nos. Las mujeres somos el agujero negro (perdón por la metáfora) del súper saber de las ciencias. Saber perdido entre lo que el hombre imagina, un deber ser (o por lo menos parecer) y lo que nosotras por temor, ignorancia, pereza y culto a los dioses masculinos no nos atrevemos a interrogar ni a mostrar.
 
Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

 

 

 




Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

Ro dijo: el miercoles 22 de agosto de 2012 a las 21:59
Hola Silvia!


Muy interesante el texto sobre el dolor!. Yo soy partidaria al 100% de la certeza de que todo dolor tiene su raíz en el alma y/o psiquis. Es por eso que hace ya muchos años voy a la homeópata y me tomo mi equivalente de Clonazepam en globulitos!jaja. Como decía Hannemann , no hay enfermedades sino enfermos!. El proceso de sanación es muy lento pero efectivo. Dura lo que dura la negación a veces!.
Te mando un beso, y gracias por éste newsletter...seguí nomás!


Mirta Núñez (coach personal, abogada de familia y sucesiones, psicóloga social y demás yerbas) dijo: el martes 21 de agosto de 2012 a las 23:34
Estos días vengo trabajando en casos de cambio de apellido. Pero siempre pensé que hay nombres que condicionan tanto a una personal que deberían poder cambiarse antes de sentir instintos homicidas contra los padres.
Ponerle a una hija el nombre DOLORES, muy común en la colectividad española, ¿qué le augura a esa pobre criatura? ¿Sufrimiento físico, penas? Menos mal que la llaman Lola. Ahora Lola está aceptado como nombre (debe ser para que se lo pongan así directamente y no Dolores). Lo mismo siento cuando conozco a una mujer que se llama SOLEDAD. Conozco un caso de una madre que pasó el embarazo en soledad y ese nombre le puso a su hija. ¡ No hay derecho para marcar psicológicamente así a una hija! La ley del nombre permite cambiarlos por orden judicial sólo cuando son ridículos. Ningún Juez consideraría ridículo llamarse Dolores o Soledad. Sin embargo, no debe ser fácil andar por la vida encarnando esos nombres. Saludos,
www.mirta-nunez.com.ar

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