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ISSN 1853-2926

La Neura
Publicado el lunes 19 de noviembre de 2012 a las 23:28

Gracias por los luminosos comentarios, pueden dejarlos en www.silviafantozzi.com.ar en la sección boletín o enviarlos respondiendo este mail.
Para compartir con otra gente con el vínculo al final.

 

 
La neura

 

Hoy indagaremos una característica sana y universal, algunas personas la padecen en demasía y otras no se enteran (no es que no exista, sino que actúa solapada).

 
Para no morir atragantada en el intento de desplegar este sentimiento—sensación (vibración con un importante componente corporal), iremos deshojando pétalos de esta  margarita metálica.
 
La neura puede manifestarse como enojo cólera, ira, llamarada; despiste total con pérdida de objetos, laburos y relaciones; obsesión temerosa; depre con ansiedad, duda paralizante, celos corrosivos; hipocondrías varias o insaciables  compulsiones.

 

Otra que el ataque de pánico, ese es un poroto, un boludito  al lado del exhibicionismo de plumas y pelos variopintos de nuestra compañera más fanática.

 

Las sensaciones que produce, ya sean mentales, físicas o emocionales son tan molestas que la mayoría de las personas solo desea que desaparezcan (¡sacame esto!) y son vividas como un cuerpo extraño, un Alien que ataca ese ideal de bondad y razón que todos y todas acarician antes de irse a dormir.

 

El endiosamiento del “equilibrio” palabra casi obscena (no conozco a nadie equilibrado y pido fotos, si tienen, para el consultorio, será venerado cerca del florerito con jazmines) intenta extirpar cualquier callosidado imprudencia.

 

 Dije que es una característica sana y universal, agrego que quizás sea el aspecto más valioso de la vida total de una persona. Juro que no exagero ni un cachito.

 

Sí, of course, sé que desmadrada, en superabundancia, atormenta. Algunas les ponen sobrenombres, otras le tienen miedo se agachan o amordazan hasta que pase, hay quienes se empastillan para amansarla un poco.
Pero llega el día que habrá que dejar de escaparle el bulto y preguntarle qué onda.

 

Curiosear con paciencia y sin miedo de ver detrás del espejo, abrir la canasta de Pandora con tirabuzón o atraer el racimo de serpientes coloridas con flautas y perfumes. Habrá que arremangarse, hamacarse y dejarse llevar.

 

 
La neura tiene siempre algo para dar, un encuentro verdadero y único, si se banca lo que aparezca de la cueva de nuestras más gloriosas miserias. Del pozo que nadie quiere oler, pero que es el abono del existir.

 

Si alguna joven mortal desea descender del Olimpo o se cae de culo de allá arriba (donde no hay calor, viento ni mosquitos, como el shopping, que da lo mismo estar en Bangkok o Villa Carlos Paz)  por un traspié (decepción amorosa, codazo en el subte, o error en la cuota de la tarjeta, anque granito redondo bajo la piel) y empieza a subirle desde los tobillos a las axilas una marea negra de odio volcánico, o terror de pelitos en la espalda, puede huir, y nadie estará en desacuerdo ni le negará ese derecho, como dijimos, con ohm, argumentos o pastillas.

 

O puede intentar conocerse, la primer capa tiene una información desgraciada, no grata y non santa de sí misma, del tipo “esto es envidia” “la vieja del subte me hace acordar de…”;  o la devastadora y estúpida culpa que se mete en los agujeros; o que le gusta alguien “prohibido” o vaya a saber qué. Créanme, nada es taaan grave.

 

Este qué de cada quien, momentáneo e instantáneo, casi fugaz,  es la llave, el ábrete sésamo de la segunda capa: mirar de frente y darle cabida. En acto, no en la cabeza. Ya me explico, elijamos lo de la envidia, maravilloso sentimiento que aparece en la existencia antes de empezar a hablar.
Mirar qué se envidia y si es realizable obtener lo que se envidia (aprender, averiguar, mover el culo atrás de lo que se quiere, acá pueden aparecer varias clases de cagazo) y si no se puede emprender sin trampas ni engañapichangas el camino de cómo vivir sin eso.

 

Sentir de verdad, hasta el fondo, que hago lo que sea para conseguirlo o para aceptar y disfrutar lo que hay.

 

No existe ninguna seguridad en este desfiladero, antes de salir sabrás que nadie es responsable ni se hará cargo, pero firmo §i£ãnþ≈•  que vale la pena.
 
Como dice Píndaro:

 

“Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota el campo de lo posible.”

 

 Hasta la próxima!

 





Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

Le dijo: el domingo 9 de diciembre de 2012 a las 20:38
¡¡GENIAL!! Me hacés reir, me hacés pensar. Nos das esperanza, a las pobres neuras caminando que somos, de no quedarnos enroscadas y pegadas a la vieja del subte.
GRACIAS!!!!
Lau dijo: el jueves 22 de noviembre de 2012 a las 13:35
Buena cosa la definición realizable de la inmortalidad! Es un tránsito por lo posible... para imposibilitar ya está la neura!!!
Y muy bueno el modo de transmitir la vida con la neura... es, como dice Serrat de los fantasmas, nada, si le sacámos la sábana... pero quién se anima?
Beso
M. dijo: el martes 20 de noviembre de 2012 a las 23:18
Hola, hoy llegó tu boletín quería decirte que cada vez que te leo me muero de risa por tu forma de decir las cosas.
Sabri dijo: el martes 20 de noviembre de 2012 a las 23:15
Probablemente uno de los boletines con el que mas me identifiqué jajaj, TRE-MEN-DO.... veremos si puedo encontrar el huevo podrido

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