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ISSN 1853-2926

Complejo de Evita
Publicado el lunes 17 de junio de 2013 a las 22:48

 
 
Complejo de Evita

Evita es un eslabón –en castellano legítimo,  una argolla– en la cadena de la historia. Utilizaré su nombre exclusivamente como símbolo de lo que quiero tratar hoy: la capacidad de invocar amores y odios desmesurados.

 

 ¿Vieron que hay personas que insisten en despertar grandes pasiones? Abocadas desde que despunta el día a entronizarse con el sol. Lo único que les importa es que la gente las ame con fanatismo y si no pueden conseguirlo trabajan con la misma perseverancia en ser odiadas y posteriormente consoladas por seguidores-defensores de la causa.

 

Como todo complejo se trata de varios componentes y con este ramillete cargamos todos y todas. Como el Edipo, aunque no nos casemos con un progenitor y asesinemos al otro, según los que saben es algo universal.
Veamos los ingredientes:

 

·        Una taza grande de victimización “pobre yo” que acompaña cualquier relato, si perdió el bondi, el laburo, las uñas postizas o el marido. Tenerse lástima no es un puerto seguro, más bien es el naufragio de la aceptación de condiciones comunes.
·        Un cucharón de inflación “lo mío es lo más importante del mundo” se consigue agregándole colores (tipo pimentón o cúrcuma) a la pelotudez inmortal humana. Temas que a nadie le importan o que no tienen respuesta se convierten en debates de sabiduría galopante. Del tipo La lealtad es más valiosa que la fidelidad o ¿Se puede ser amigo del ex? En lugar de preguntarse, como decimos siempre, “qué carajo quiero hacer con mi vida’”.
·        Pizcas de falsa humildad “no es nada” “no te preocupes” cuando la dejan plantada o lo recargan de laburo. Dificultades para expresar los sentimientos en el momento adecuado.
·        Almíbar a destajo, endulzar fácil“qué lindo!!” “Cómo te quiero!” “¡Hola, hermoso/a, bombón, amor, belleza, diosa, genia/o!” Mensajes con carita feliz y muchos signos de admiración!!!! Incapacidad para mostrar la agresión sana que, para construir relaciones, es tanto o más importante que el amor.
·        Un pocillo tamaño café de despertar interés por el lado del miedo “tengo fobia a…” “me preocupa que…” de la duda: consultar todo a mucha gente,o de la culpa hacérsela sentir a los otros o echársela encima de mentirita para que  un coro cante que no. Cachitos de manipulación ingenua e intentos de buscar protección y cuidados en forma inadecuada.
·        Tres cucharadas soperas de confidencia pública grosa. Alguna tragedia personal o familiar significativa, (bien pero bien jodida, no doy ejemplos porque puedo herir a alguien sin querer) que todos tenemos pero que no andamos ventilando por ahí. Búsqueda de piedad ambiental, “te muestro la llaga para que no me ataques, ¿si?”.
·        Una cucharadita de té de sufrimiento esporádico inespecífico: ojeras, aspectos de llantos y aires de misterio. Forzar la preocupación ajena, motivar a los demás para que pregunten, se ocupen.
·        Un puñado de servi(cia)lismo desparramado aquí y allá. Más de lo mismo, tratar a los otros como quisiera ser tratado, sobornar el afecto.
·        Un toque de falso enemigo/a y que todos y todas sepan  el mal que le hizo. Si no se consigue de buena calidad, la suegra, el ex o el novio de la hija, alguien que le hace la vida imposible y a quien  claramente odiaremos o somos del otro bando. Búsqueda de consuelo, utilizar el reconocimiento por vías retorcidas.
·        Opcionales, (el exceso de este ingrediente caga toda la comida, usado con cuidado enaltece el sabor): llamar a todos por el nombre de pila y en diminutivo, el gerente es Dani, o el sobrenombre. Toti, el que viene una vez por año. O las amigas de la madre del novio.  Dar besos a todos al llegar y al irse, en el curso, el laburo, la fiesta, el colectivo. Un caramelito o chocolate siempre ofreciente. Ir a fumar con la que trajo cara rara para que llore en su hombro. Familiaridades que acercan obligadamente al otro, que impiden la agresión, el rechazo o al indiferencia del medio.
O simplemente chusmear, dejar mal a otros en pasillos y ascensores y como quitando importancia, “siempre hace lo mismo”, vanagloriarse de actividades insignificantes, “quien te creés que trae el café”;  Vivir a mil, estresarse. Recibir consuelos y loas con gestos de “no es para tanto”. Condimentos que gritan la necesidad de aceptación. 

 

Suponte que no le seguís el juego, que no te cae del todo mal, pero te hincha todo su despliegue, no llorás por ella ni abrevás en su fuente inagotable de beneficencia.
Te pregunta si te pasa algo. Claro que si te pasa lo que sea, no puede ser un callo o el dentista, es autorreferente sí o sí es con su persona: “Disculpame si te molesté sin querer”. O te manda un mensaje fuera de código, no son taaan friends. No puede soportar un “todo bien, gracias, que tengas suerte”. Responde “Te enojaste conmigo, querés que nos encontremos para charlar”, hasta que consigue el odio.
Llorará en otros hombros tus desplantes, pensará que le tenés envidia (que puede ser, no digo que no, ¿quién no quiere embolsillarse a la américa toda?).

 

O la amas o la odias, o la adorás o la rechazás. Amiga del alma o enemiga mortal. No hay términos medios. No importa si la viste una vez en la casa de otro, trepa hasta alcanzar la limosna de la atención ajena.
¿Quién no conoce alguien así? Esta desesperación por estar arriba de las candilejas acarrea no pocos daños, caricaturas de la vida real.

 

Y por casa, ¿cómo andamos?
¿Qué hacemos con la Evita interna? (hiper amada u odiada, según el caso) con ese manojo de gentes galopando entre las tripas, la mezcolanza de divadivina, perseguida de la guerra, geisha latina, víctima del paro de subte y la maledicencia. O, el echarpe que acogota al caballero que quiere quedar bien con diosymariasantisima y manguear comprensión a cualquiera que se cruce.

 

¿Qué onda andar haciendo la plancha por la vida y ser una o uno más, del montón? Sin pena ni gloria. En Paaazz… ahhh!  Oomm
Incluso aprender a convivir con esta fauna que todos y todas portamos y reírnos cuando asoma.

Hasta la próxima!





Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


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Le dijo: el viernes 5 de julio de 2013 a las 22:30
La que esté libre de culpa que... algo así era, no??
Muy bueno! Como siempre: A andar con cuidado y... A hacerse cargo también!
Mer dijo: el martes 18 de junio de 2013 a las 15:49
Es un artículo estupendo, con el que desgraciadamente me identifico en parte, pero de una lucidez enorme. Es cierto también que lo que podía funcionar más joven no anda tan bien de vieja, falta una cuota de seducción que ayuda mucho. Otro tema para agregar sería la soberbia por ejemplo. gracias besos

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