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ISSN 1853-2926

Nuevas Enfermedades
Publicado el martes 16 de julio de 2013 a las 22:49

 

 

“Nuevas enfermedades”

 

Las comillas indican que lo que estoy diciendo es farsa, por ejemplo, si digo vino con el “primo” y hago comillas con las dos manos juntando los dedos, claramente no es pariente.

 

De a pares como las calamidades, las “nuevas enfermedades” se nombran con dos palabras. La antigua gastritis, es rebautizada “reflujo gástrico”. Tenemos dolencias que parecen nombres de bandas infantojuveniles: “Ojos secos”; “Colon irritable”; “Hígado graso”.

 

El psiquismo tampoco escapa a este  marcketing de inventar padecimientos: “Fobia social”; “Ataque de pánico”; “Trastorno sarasa”.

 

El DSM IV (“Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” ) tipifica todo lo que hagas como un Dr. House obsesivo, si masticás chicle del lado izquierdo, si mirás de reojo. Todo  puede y será usado en tu contra. Son “desórdenes “ a los que se les puede encajar un comprimido. Muchas organizaciones mundiales y llaneros solitarios estamos intentando destituir esta inquisición de experiencias sanas. http://tinyurl.com/chpnagj

 

Hace un par de miles de años Hipócrates estaba remando en este barco, decía que no era importante que una enfermedad tuviera nombre, si bien amaba la ciencia y aplaudía a quien cometiera pocos errores, su criterio diagnóstico tiene una ética tan bella que parece una estética:  “…hay que observar en primer lugar, el rostro del paciente, si es parecido  al de las personas sanas, y sobre todo si se parece a sí mismo.” No a la propaganda de la felicidad, sino  a su ser habitual, si es tímido, ronca o lo que forme parte de su vida.
Con respecto al pronóstico dice que es un indicio favorable que el damnificado soporte con facilidad la enfermedad.
Já,  en nuestro milenio existe una híper intolerancia a cualquier estado que no sea “el ideal”, las pastillas soportan por una/o.  

 

¿Es necesario aclarar que a todos y todas se nos estrujan las tripas cuando nos preocupamos?, no es nada nuevo y más si le damos al rastrillo de las fibras como nunca antes, tampoco es enfermedad, no merece un nombre compuesto ni requiere píldoras.

 

¿Hace falta que te diga que todos nos ponemos bordó en determinadas situaciones? A veces tartamudeamos, o nos sentimos torpes en lugares nuevos. Y eso no es “fobia social” y no se cura con la verde, ni la roja, ni la amarilla.

 

Déjame que te cuente que el taquillero “ataque de pánico” es descripto por Freud  en 1895 con el nombre de angustia los “síntomas” que todos tuvimos alguna vez en la vida, palpitaciones, nauseas, ahogos, miedo intenso y que remiten al rato. Con “ayuda” tardan más en irse e incluso requieren dosis mayores. La gente joven prefiere salir a joder con sus amigos y “se cura” más rápido porque  quedarse encerrado y ver como los demás viven “no paga”.

 

Nuestro sistema neuronal y emocional es un delicadísimo equilibrio que se altera con poco, las glándulas segregan chucu-chucu, aletean las hormonas y pachanguean  los neurotransmisores, felizmente todo nuestro ser detecta y avisa que algo pasa y vuelve solito a acomodarse.

 

Los estados emocionales no son piojos, señora, señor, no hay champú para rajarlos del bocho, son parte de lo vivo.
No les pasa sólo a las personas en su vida cotidiana, padres y maestros; “molesta” a los profesionales: hace un tiempo me decía un amigo que andaba triste por su separación: “Estoy peor ahora que tengo que tomar la medicación y no puedo manejar, la psicóloga me dijo que ‘con tanta angustia no se puede trabajar’, antes no dormía bien pero ahora no despierto bien.”

 

No se necesitan tratamientos de ninguna clase para estados provocados por momentos vitales: mudanzas, duelos, puerperios, pérdida o cambios de trabajo, casamientos. Si hasta ayer la vida era así y hoy es asá. Recalcular: un tiempo con un tach de bajón, quizás un poco de insomnio, apetito abierto o estómago cerrado y adelante.
Si al mismo tiempo el destino nos pone dos o tres entre manos, no se puede solo/a. La Tortuga le dice a Alicia que en la escuela aprendían multicomplicación, ella se burla y la bicha le contesta: ¿cuándo se vio que una complicación venga sola? Esta Gran Verdad significa, entre otras cosas, que de a una en fondo nos da el cuero, ni nos damos cuenta, es un desafío. Más de dos hay que consultar: acodarse con un amigo o la vecina de asiento en el colectivo, visitar un terapeuta, un cura, un pastor, un médico pero no para taparlos con pasta. Creo que la medicina que atiende enfermedades alarga la vida, pero la que trata cosas sanas la empobrece.

 

La ansiedad, los temores, la vergüenza, “los nervios” como  decía mi abuela; la caspa, la duda o el rencor son estados sanos, universales y normales.
Se trata de transitarlos con humor y paciencia, la madurez no es no ponerse colorado para pedir aumento de sueldo o no transpirar en un examen es, quizás, aprender a tolerar y respetar las manifestaciones del cuerpo, y como dice un refrán africano, “Si el corazón está sano, el cuerpo poco se enferma”.

 

 Continuará…

 

 




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