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ISSN 1853-2926

Paciencia
Publicado el lunes 28 de abril de 2014 a las 23:25

 

Paciencia  

 

Paciencia la vida es así http://tinyurl.com/k7pc8d7

 

Estamos en condiciones de prometer que leer con calma este boletín y reenviarlo a 1500 personas (una por vez)  podría  concederte una cuota de la preciada  y escasa Paciencia, con la cual, dicen, todo se consigue. También escuché que tener paciencia es como ir poniendo dinero en una cuenta.

 

Sin ella no podemos conseguir NADA. Nada que valga la pena llega rápido, ni las sopas ni el café.

Con paciencia son más llevaderos los minutos, segundos, años y siglos que dura la espera para llegar al cielo o el paraíso que cada  quien se represente, ya sea el amor descarriado de un elefante hormigófilo, o algo quizá más prudente pero no menos ambicioso.

 

Entonces, ¡¿Para qué la urgencia?!  ¿por qué tooodo  debe ser instantáneo? como promesa de felicidad.

El atractivo de acortar el camino como caperucita, “cocina fácil para la mujer rápida”; “recíbase en ½ hora”. ¿Una viveza, quizá? No hacer la fila como los demás; que los giles se pelen el coco (pensaron que iba a decir otra cosa), que las gilas pelen papas.

Ud. no, dama,  caballero, Ud.  se adelanta a los tiempos, aunque todo atajo tiene un precio: comer porquerías para llegar más pronto a las farmacias y sanatorios. Donde  también hay que esperar .Puede, cómo no,  cruzar los semáforos rojos o adelantarse por la banquina para llegar raudo y con sirenas adonde no se proponía… y otra vez a esperar, la palabra emergencia  suele ser un mal chiste.

 

Superar la velocidad puede ser también un toque de codicia o envidia la idea de que si es más pronto es más guau. Caminó antes, dejó los pañales primero. Se recibió, tuvo un auto o fue a la China. Y algo de avaricia, de acumulable,  como las propagandas de cuando se viajaba por dos pesos en  los 70, “diez países en 4 días”.

 

Como dije, Doña Paciencia es escurridiza, casi diría inhallable. Hace las valijas y se raja de las colas de colectivos, subtes, bancos y dependencias estatales y privadas. Cualquier roce con la burocracia, un  trámite insignificante,  la espanta como los petardos a las palomas.

 

Además de ese tiempo que no pasa, tiene que ver con el estado de ánimo imperturbable ante los sucesos, dice el diccionario.

En algunos casos esta asociación demora&sosiego cura las heridas, lame los dolores, acaso no se les dice pacientes a los enfermos, because se la bancan. Sana más aceptar, tolerar y respetar lo que  sobreviene que aplicar quinientas “soluciones”, como cachetadas de loco a quien sólo necesita el simple  transcurrir de las horas y un cachito de confianza.

 

También sirve para cocinar y/o  comer, (la paciencia) buscando verdades, mitos y leyendas, encontré un significado gastronómico, Paciencia es una receta: bollo muy pequeño de huevo,  harina y  almendra. Con ánimo de ensayarla para alimentar otras formas de sabiduría, busqué la preparación en la biblioteca de internet, estaba, pero con esas mismas palabras sin desarrollo ni proporciones.  Como internet busca lo que le pido no lo que quiero aparecieron bocha de recetas con paciencia como ingrediente: “hay que tener paciencia y esperar que leve la masa…”; “si tenéis paciencia al batir…”, “remojar con paciencia los porotos”,  etc.

 

En esas búsquedas, me topé con el ícono, que no es un invento reciente, antiguamente se usaba para personificar actitudes, vicios o virtudes. La paciencia se representaba como  una mujer joven cuyas facciones expresan  dulzura y sufrimiento, sentada en una piedra con yugo en los hombros y los pies desnudos entre espinas. (yugo es un artefacto de madera  utilizado en el cuello de los animales para arrastrar un carro o el arado). Bien, amigos, amigas, la paciencia es sentir el peso en el lomo y caminar con espinas,  con el rostro sufrido pero dulce. Ok: en la sala del dentista;  con el mensajito que no llega.

 

“Tiene poca o baja tolerancia a la frustración frase inobjetable y pedorra de la runfla de psicólogos, psicoanalistas  y psiquiatras y cierta jerga educativa en algunas escuelas. Todos tenemos de eso  especialmente si se trata de  soportar un menoscabo,  carecer de algún objeto material o espiritual que se torna imprescindible o aguantar que alguien no te pase bola como dicen en Colombia.

 

Por ejemplo, con una hiperinflación del (yo; ego, etc.), no se soporta esperar el transporte, u otros servicios inmunes a la  eficiencia; o el pelotudeo  del ciclista  emperrado con el señorío de veredas y contramanos.

Podrían inventar un medidor y en vez de mirar la temperatura para ver que ponerse, monitorear al levantarse  cómo viene la tolerancia. Como prevención, para no salir de la casa  como caperucitas inconscientes  de la propia mente. La idea sobre cómo deberían ser las cosas, arruina muchas mañanitas y, al fin y al cabo ella, (esa imaginación) es la que gobierna, culea como una reina guacha, como la de Alicia, provocando  tropiezos, caídas, raspones y moretones.

 

Tolerar sufrimientos y trabajos, sin que el ánimo se turbe, dice el diccionario. Y sí, esa es la gracia,  ese es el montón de tesoros, el cofre de la felicidad: que el ánimo no salte como una ameba automática ante cualquier acción del medio circundante.

 

Nada como tenerse paciencia a sí mismo, ayuda a entender  a los demás, mejora la calidad de vida y el cutis. Elimina la ansiedad que le da de comer a laboratorios y curanderos del alma.

 

La paciencia, como todo lo que verdaderamente se le cante a alguien,  se puede aprender. Jugar a la lentitud, comer despacio, caminar despacio, hablar lento, hablar poco. Esperar cosas posibles, (la hora de la cena, por ejemplo), pero eso es tema de otro boletín… paciencia.

Hasta la próxima!

 

 





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