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ISSN 1853-2926

Saber hacer
Publicado el martes 27 de mayo de 2014 a las 09:31

 

Hace poco escuché a madres y futuras madres noveles, inexpertas, preocupadas por la crianza, gestación, tete y destete. Cargando sobre sus espaldas  miles de bits de información que no quiero ni nombrar para que no se pongan a averiguar.

También existen innumerables cursos  para docentes, fabricados por personas que jamás estuvieron en un aula frente a chicos de verdad.

A las madres suelo decirles que la especie hubiese desaparecido si hubiera dependido de las ecografías 3d, los juguetes especiales, los pezones de la lora y el gorro antilágrima para que chapoteen en el agua.

Nos enseñan a criar  perros y  gatos, cuidar  plantas, abuelos. “Dígale esto, haga lo otro”.

Revistas metidas en el medio de la cama bombardeando: “cómo conservar la pasión”, “sepa si le es infiel”; o enseñando como hablarle al hijo o manipular  la oficina  con técnicas para tratar al jefe y/o a la compañera envidiosa.

Dentro de poco  descubriremos que no sabemos hacer NADA. Ni pipí, ni el Nº2. Todo tendrá una forma “correcta” inventada por un pelotudo importante, más o menos célebre que vende indicaciones a buen precio. Que quizás, solo como un hongo, está leyendo otras consignas sobre cómo aplicarle un cacho de  fenchui a su vida.

No es grave la avivada del que enseña cosas obvias, como la “toxicidad” de los prójimos o las diferentes formas de ser inteligente; tan obvias que  se entienden de un toque, no hay que exprimirse el cerebro,  traspirar la camiseta, ni quemarse las pestañas como decían antes. Con un par de cliks,  se puede comprender perfectamente cualquier pavada disfrazada de investigación sesuda. Pero, como dije, eso no es grave, lo jodido es que se  arruine la vida entre la mamá y su bebé, por ejemplo. Un refrán africano dice: No hay madre como la de uno mismo.

Quédense tranquilos señores sabihondos que ella puede ir haciendo lo necesario con el pibito o la chiquita que le tocó y que si se equivoca los dos se perdonan. Lo que no perdona un bebé y no se perdona una mamá es darle bola a cualquier  porquería que los separe, que se interponga en sus mutuos titubeos.

En su ternura torpe. Y esto, como dice un amigo, se aplica a cualquiertoda  situación  no conocida.

Claro que se puede preguntar, pero exclusivamente de acuerdo a las necesidades del momento.

Felizmente no existen formas correctas o incorrectas de hacer. No hay inventario, ni cuadernillo. Aristóteles dice que hay muchas maneras de hacer mal, creo que también hay procederes diversos de hacer bien. El de cada quien.

Hace unos siglos la educación arrancó a los niños de sus padres. Convenció al mundo entero de que los progenitores no eran capaces de enseñarles. Experimento que lleva dos siglos y parece que no andó. Pretendieron darle al placer de aprender la eficiencia de la fábrica, modelo de virtudes chatas,  dormidos pero temprano, productos en serie, todos igualitos, uniformados y respondiendo al timbre. El clavo que se sale se martilla. Durkheim dice que la escuela convirtió a los estudiantes en escolares miedosos, delatores.

No conforme con su voracidad  de comerse chicos inocentes, y descuajeringar progenitores, comenzó  a masticar maestros y producir una casta nefasta, la de los expertos, técnicos, peritos, los dueños del “saber hacer” y del secreto de la vida. Acá el modelo inspirador fue la empresa, el placer de aprender (ya recontra olvidado)  se somete a la calidad, los objetivos, la competencia y una sarta de estupideces que dan un barniz de seriedad a la nada misma.

Para criar un chiquillo dependiente que sólo necesita cuidados,   hoy, es casi imprescindible comprar una sarta de artilugios que si se corta la luz, como dicen en Corrientes, cagaste usté. Amén de un enjambre de cursos para saber parir, amamantar, bañar. Mentiras. Como dije: La especie hubiese desaparecido.

El sistema educativo al que me refiero, excede el establecimiento educativo, no es más esas cuatro horas para aprender a leer escribir y las cuatro operaciones. Saquea, inmune a todos los remedios, tiene piloto automático, se fue de las manos. Quiere extirparnos la sapiencia personal, lenta y producto del vivir con formas de manipulación cada vez más elaboradas: estimular, premiar, sobornar.  Amenazas, (ojo, cuidado, peligro al que se desvíe)  tips, instructivos, tutoriales. ¡Mandá P2 al veinteveinte y te enseñamos sarasa!

 El mambo educacional  diseña que hay una manera de hacer las cosas bien y que tú la desconoces, muchacha, muchacho. Apela a la inseguridad funcional que todos tenemos “¿¿estará bien??”. Revolea por el piso la “autoestima”.

Su punto de partida es la ignorancia básica, que también todos tenemos acerca de criar seres vivos, sacar manchas, preparar café. Convierte a  las personas y los personos en mendigos temblorosos y temerosos de equivocarse, de practicar, tantear, juguetear, y ejercitar el misterio y la delicia de aprender.

Amigas, amigos, esto también va a pasar, no  es futurología. Cada  generación, cada cultura cree poseer la mejor tecnología y casi siempre se pela las rodillas, ante la inapelable naturaleza.

El modo personal de emprender la aventura de vivir dispone de experiencias y teorías. Tripas y corazón. Biblia y calefón. Razón y violín.

Como dice otro refrán africano: El que más sabe es el tiempo.

Hasta la próxima!





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Mir dijo: el martes 27 de mayo de 2014 a las 23:45
Hola, Sil: muy bueno. En un mundo donde nos venden cursos para todo, me imagino el gran negocio que debe haber para las futuras mamás o las recientes mamás. Ahora todo se hace con manual en mano. La esposa de mi amigo leía "Duérmete niño" para hacer que sus hijos durmieran en otro cuarto. Todo programadito. Tal vez todo empezó con la Escuela para Padres que existía cuando yo era chica y lideraban Florencio Escardó y Eva Giberti. Por suerte mis viejos eran demasiado poco psi como para seguir nada que no fuera lo que ellos consideraban (acertados o errados) el SENTIDO COMUN.
Creo que eso es lo que se ha perdido. La capacidad de hacer lo que el sentido común indica. Así es como alimentan a los pibes hoy en día: de terror y no xq vayan a un Burguer sino xq en la casa se come merda. Respecto al sistema educativo, se ha convertido en el depósito de niños y adolescentes donde se espera los devuelvan educaditos, liberándose madre y padre de esa obligación a cambio de una buena cuota mensual.Un abrazo.
Mariana Mitelman dijo: el martes 27 de mayo de 2014 a las 15:33
¡excelente Silvia!

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