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ISSN 1853-2926

Sabiduría
Publicado el domingo 30 de noviembre de 2014 a las 08:55

 

Generalmente, se confunde tener noticias sobre algo, con saber. Por ejemplo, se puede escuchar en el colectivo:

¡Hay que dragar el riachuelo! No se dan cuenta que en dos minutos…

Los efectos de la nube térmica, en realidad…

Las retenciones móviles, no deben…

Los gatos necesitan que…

La energía de Mengana es…

El código dice que…

Opiniones que, por un momento, transforman  al  decidor  en ingeniero hidráulico, especialista en tarot o derecho constitucional, ministro o veterinario.

 

Convengamos que nadie sabe nada about  it. También, ciertas habilidades suman, algunos sienten que  usar un celular  archiguau genera un saber que automáticamente  extirpa lo bruto como decía El Chavo. Y no, es triste, pero no. 

Tampoco  el faquin celular ayuda para simplemente saber qué es algo.  Existen personas que, en una conversación, dicen “esperá…”  y consultan con su aparato electrónico cualquier duda que aparezca en la charla real. “Belice!!”  O, “es una especie de tortuga”. Reseña absolutamente prescindible, es posible dormir, comer y vivir inocentes de tamaña revelación.

Hay expertos y peritas en acumular conocimientos de esos que quedan bien, como la ropa de marca, no sirven para nada y son universalmente incomprobables. Esto de comprobar o ligar saberes a la vida real quizás sea la clave. Se llama experiencia.

Y la experiencia, amigos, amigas es cor-po-ral  no es teórica.

Saber  tiene la misma raíz que sabor  y  Nietzsche dice que sabiduría viene de saborear.

Por eso quizás rasca en la piel de la sensorialidad.  Como dicen en Corrientes, por toda su persona.

“Entender” una situación, se verbaliza  a través de los sentidos. El lenguaje popular teólogo de las metáforas y fuente de toda verdad dice:

Esta oferta huele mal. / Algo en este chongo huele a podrido.

A ese negocio que propones “no lo veo”.

Sabe horrible (de gusto);  qué amargura.

No me suena. /Me hace ruido.

Me toca lo que decís. / Toca de oído (no sabe).

Podría seguirrrrr.

Este tipo de sapiencia es inapelable  como  la natación hay que sacarse la ropa (desnudarse de conceptos y pre-juicios) y mojarse bien el tujes para aprender.  

Últimamente,  se usa la palabra aprehender  que cautiva (o debo decir copta) a más de un pelandrún intelectual,  o gentes posmodernas alimentadas a nestum.  Esta palabra, se acerca a lo que venimos tratando,   tiene eso de prenderse, agarrar, asir, aferrarse, coger con las manos. Chupar los huesos del asado o las hojas de los alcauciles de nuestros seguidores veganos.

Hay algo  que no es verso, que palpita. Pero llena la panza, como dice Freud, leer el menú no quita el hambre.

Ese movimiento de no saber cómo meterse en el agua da un poco de miedito y ganas.  Como si decir no sé,  aislara e instalara  en la estantería de torpe, perejil o sota de basto.

Peeero  intentar sacarle el cuerpo a la ignorancia, amigas, amigos, es una lucha perdida.  Alwayssss se termina con las rodillas peladas por no reconocerla. La omnipotencia es estúpida – invariablemente –   y coloca en sitios todavía peores. Ni siquiera anima a preguntar.

El cagazín y el bochorno se calman con datos.  Estar informado/a, da tranquilidad, cierta sensación de bienestar aunque sea  pasajera,  poder decir algo sobre cualquier cosa estimula y sienta bien como tomar café. Sin esfuerzo, sin estudiar, ni profundizar, sin quemar pestañas. Como la enciclopedia Losetodo de cuando era chica (estoy deschavando edad).

Al respecto, el genio de Camus (de quien soy viuda) decía que no  es necesario ni recomendable tragarse todo un libro para hablar de él, alcanza con el comentario. Y compartir entre todos, algo que alguien dice; tener una opinión propia  puede  constituir un acto condenable en muchas  reuniones.

Repito, tener information   hasta se opone a conocer  y siguiendo el curso de este río, se confunde  inteligente con sabio.  Y aquí también funciona nuestra ecuación: inteligencia + experiencia= sabiduría.

La inteligencia nacida y aplicada a la vida. Saber vivir, si no ¿para qué?

Los sabios que conocí (no muchos) no enseñan nada,  disfrutan el secreto de la felicidad y si uno se sienta cerca hasta puede sentirla un cacho.

Las personas sabias  están vivas. No hacen ostentación, como decía Blas Alberti en sus maravillosas clases “la erudición es una fastuosa ignorancia”. El erudito eructa datitos. Quiere mostrar que leyó, como el bebé después de la leche.

Y, yeúma, (otra vez, de nuevo, en guaraní) la experiencia, aporta su cuota de nadar saboreando, entronando el cuerpo.

De qué vale saber que el jacarandá es de la familia de las sarazas, florece en la cachonga y sus bayas pimpampum… si nunca se patearon las veredas salpicadas de noviembre en el Buenos Aires  envuelto en nubes  violetasuave.

El miedo, la necesidad de controlar, la imposibilidad de aflojarse, soltar y pegarle a la caída libre del analfabetismo emocional,  espantan las oportunidades de experimentar, de re-conocerse viviendo.

Gugleando , encontré esta frase:

El conocimiento es poder, pero sólo la sabiduría es libertad.

Chau!

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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