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ISSN 1853-2926

Adicciones
Publicado el viernes 24 de abril de 2015 a las 10:50

 

 

 

Nuestras postmodernidades  tienen el vicio de analizar lo insondable de maneras caprichosas, acomodando la realidad a lo que se les cante. Por ejemplo, muchas personas desparraman que a-dicto, como auto-móvil (corte que se hace con cara inteligente) viene de a (no) - dicto (decir). Adicto es el que no dice. Mentira.

Ficción psicoanalistosa  que supone que el a-dicto  tiene que hablar y hablar y,  que si dice y dice sin parar, un  día se cura…

Idea muy antigua, Cervantes, un requetetatarabuelo  de Freud, escribe en el sagrado Quijote: “Sancho,  ahora que vais hablando, no os duele nada en todo el cuerpo. Hablad, hijo mío, todo aquello que os viniere al pensamiento y a la boca…”  El caballero decide bancar  con gusto la sarta de sandeces  para aliviar el sufrimiento de su escudero.

Pero no amigos, amigas, adicto viene de ESCLAVO. En la antigua Roma, las personas que tenían deudas con un prestamista, si no pagaban, quedaban a su servicio. Como siempre los usureros se abusaron y, según algunas fuentes, las muchedumbres de addictus (ex ciudadanus) fueron las que pusieron fin a la esclavitud. Y quien no lo crea, coja el diccionario o la googlepedia.

 Anyweyssss, podemos coincidir en que  las dependencias quitan LIBERTAD. Las gentes deben abandonar el restaurante, el cine, sus amigos, los hijos, el trabajo, la novia para someterse a darle unas chupadas al tabaquito, por ejemplo.

También se extendió la creencia de que el  concepto de adicción es pasible de ser ensartado a todo lo que uno no puede controlar, se es adicto al juego, las compras, las personas, los caniches toy, al helado de dulce de leche. Incluso, hay personas co-adictas, adictas a relacionarse con adictos, no es broma, es terriblemente doloroso. O adherirse con pasión arrebatada (locura) a las mismas situaciones chotas infinitas veces.

Quizás compartan algún que otro mecanismo y algún que otro resultado, pero existen tremendas diferencias, la paja no es como el trigo, decía mi primo Fernando, aunque no se refería a los cereales.

Un mecanismo común, como ya dijimos es la pérdida de libertad, el otro es continuar a pesar del daño. Y esto se aplica a casi cualquier cosa, que conduzca a un empobrecimiento, siempre lo material se morfa a lo espiritual y viceversa. Se empequeñece el Yo, que se siente un soberano  salamín y se achica el bolsillo que hace sentirse carente; un círculo sin fin.

Si no se puede evitar continuar aunque todo el ser, los familiares amigos y vecinos giman que no y que no, entramos en el terreno de la compulsión.

Y aquí encontramos la utilidad de los dichos de mi primo: la paja se arranca; la compulsión se corta no hay que “entenderla”, ni diseccionar  la infancia.  La fantasía es que si se intelectualiza –con  interpretaciones que pueden empapelar Buenos Aires y el conurbano–  se conseguiría control: hacer poquito, o  dejar de  hacer a voluntad. MINGA. Recomiendo leer http://www.silviafantozzi.com.ar/no.php

Si los seres humanos y  las humanas consiguen  la libertad, mediante ayudas idóneas, y logran cortar la compulsión aparece un fenómeno incómodo:   LA ABSTINENCIA. Según Bateson, funciona hacer de la abstinencia una adicción, los ex fumadores, por ejemplo, que rompen bastante con el humo en todas partes. O los que pontifican sobre lo que cada quien quiera meterse adentro.

Se puede prescindir por completo de muchas sustancias. Las gentes que tienen problemas con la manducatoria son un capítulo aparte.

La tendencia a aumentar de peso no es una adicción. No se puede vivir  sin comer; ni comer “para nutrirse”. Comemos también  por placer. Es atormentador  controlar las ingestas –que sí pueden ser compulsivas, no digo que no– como si le dijeran a un fumador que dé una pitada y deje. Con la comida sólo se pude firmar la paz en un camino con bocha de obstáculos. 

Toda-cualquier dietoterapia tiene que incluir el placer. Como dice el sabio I Ching: No se debe ejercer largamente una restricción amarga.

 

Algunos países que tuvieron tiempo y plata para estudiar conductas y actitudes en el sendero de las enfermedades crónicas (el adicto no se cura, sólo detiene el avance como cualquier tratamiento de crónicas, hipertensión, asma, etc.), descubrieron que nuestro ADN mental no soporta las crónicas, la especie fenecía  antes de los 30 años y nadie tiene capacidad para sobrellevar otros 40 años de osteoporosis, 50 años de diabetes o lo que sea. Todos y todas queremos la pastilla del fin del lamento.

No hay tal. Volviendo al mapa de cualquier  tratamiento for ever, los científicos de ese lado del mundo definen (y parece razonable)  cinco etapas.

Negación  La enfermedad no existe. La persona no percibe que tiene un problema, no ve, está ciega. Yo soy así, punto.

Rebelión, ira Ya le escupieron la sopa. Hay que encargarse. ¡¿Por qué a mí?! Odio a todos lo que no.

Negociación Encontró ayuda pero se resiste. Lo voy a hacer, peero a mí manera. Aquí suelen fracasar  muchos, creen que están haciendo y no obtienen resultados.

Reflexión Sospecha que los que saben del tema tienen razón. Pide información pero para aprovecharla, no para retrucar o demostrar que es imposible.

Aceptación El paraíso. Pocos llegan. Se acabó la lucha se convive con los cuidados como con el cepillo de dientes.

Demás está decir que nada de lo anterior es fijo, los, las afectado/as se pasean varias veces por las etapas, a veces en un solo día. O un par de veces en la vida.

Dije buscar, encontrar y aceptar, ayudas idóneas. Cada quién podrá intentar lo que sea magia, tatuaje. En mi experiencia, la fuerza de los grupos es fabulosa y está probada. Bion trabajó con los traumas de guerra en veteranos del milenio pasado. Descubrió y compartió mucha teoría. También suceden inexplicables milagros del codo a codo.

Recomendé decir ¡basta! De una. ¿Cómo se hace? Así. Chau

 





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