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ISSN 1853-2926

La culpa se elabora
Publicado el martes 10 de noviembre de 2015 a las 23:49

Estimados y estimadas, gracias, como siempre, por sus comentarios!

Un anuncio muy grato, va con invitación:

El 2 de diciembre  a las 19 hs. en el Museo Roca, Vicente López 2220 C.A.B.A  se realizará la presentación de mi libro Nicanora.

http://silviafantozzi.com.ar/nicanora.php

Si lo desean,  pueden confirmar asistencia respondiendo este mail.

 

 

 LA CULPA SE ELABORA

 

El asunto de la culpa,  afecta –empobreciendo  material, emocional y físicamente– a millares de víctimas.

Un refinado instrumento de tortura que  puede causar  dolor a hectáreas de distancia y producir efectos aunque  transcurra muuucho tiempo, poder residual, como los matacucarachas. Muchas veces el propio damnificado se encarga de herirse.

Hace unos años escuché a una señora en el sur que respeto mucho: “A mí eso de la culpa, la verdad, nunca me convenció, cuando tenía 8 años me di cuenta de que era un disparate, porque en el momento en que hice algo no sabía que podía salir mal.”

La sabiduría se presenta a cualquier edad.  Hay quienes tardan un poco más y a muchas personas se les acalambra  la vida enroscándose en defensas y estrategias contra el enmarañado malestar por “pecados” cometidos. Las comillas son porque nadie se equivoca a propósito. Todos somos vivos con el diario viejo.

Existe una amplia variedad de autoestafas:

La culpa paralítica: no hacer algo para no sentir culpa. O la inversa, la culpa manipuladora: hacer algo para no sentir culpa.

El sentimiento, es en principio una capacidad, hay personas incapaces de sentir culpa, que son de terror. Depredadores.

Esas capacidades, miedo, culpa, vergüenza, compasión,  una vez adquiridas en un largo proceso de civilización individual presentan a continuación un extenso, difícil y  superhinchabolas  trabajo de ajustes, de transformación, como romper con el pecho las cintas de llegada de las carreras que se ven en las películas.

Aprender a discriminar, qué cantidad, con quién.  Mucha culpa, con todo el mundo,  todo el tiempo, no está mal ni bien: es una locura.

Con desconocidos, colegas, el paseador de perros, el dentista, empleados; con gente que no se lo merece,  una especie de “perdón por existir”.

Se aprende a vivir  en ambientes libres de culpa, un poco pelándose las rodillas, por ensayo y error; y otro poco con la herramienta de la honestidad con sí mismo/a.

Cada cual sabe, en el fondo, dónde le aprieta el zapato.  Suelo bromear  con: “Y, en esta habitación, ¿a quién te parece que le podemos preguntar?”

No es fácil sincerarse, especialmente porque lo que se considera una falta, un error, se disfraza, engaña, oculta motivos y satisfacciones oscuras.

Un par de variedades curiosas:

La culpa sospechosa, la persona la enuncia para que otros le digan que no, que no es nada. Que está absuelta. La gente que dice: “Me siento culpable, si…” entonces no hay que hacerlo, y  si se  hace igual no hay que joder. Padres, madres que enuncian junto con el quejario  de cagadas que les infligen los hijos: “Es culpa mía…”, esperando el coro que les cante, nooo. Pero sí, señora, señor los padres son los únicos responsables de la crianza.

Esta es una culpa  improductiva, estéril; busca alivio afuera sin  escarbar nada adentro. Lamentablemente, Houston, afuera, nada va a cambiar…

 

La culpa mochila, la persona no se inmoviliza, hace lo que se le canta, no anda preguntando si está bien, pero sufre en silencio, aprendió a desplazarse con un peso,  sufriendo un poquito o un muchito, como pagándole  al universo. Esta clase es pariente de la culpa de estar bien, de desentonar,  por la felicidad ¿vió?  De no ir a los cumpleaños por obligación, de no pasar navidad donde no se quiere, de irse de vacaciones y que se hunda el mundo. Hay buenas noticias, esa mochila se puede soltar.

Dije que la culpa es una capacidad, pero una vez adquirida, hay  que rifarla.

La fantasía más temida de los culposos anónimos, es la de convertirse  en seres insensibles, inhumanos,  sin corazón. No, de ninguna manera no, sin la carga del miedo, ni la parálisis, con libertad, los sentimientos hacia los demás son de mejor calidad, genuinos, gozosos, sin cálculos. Andar pagando deudas imaginarias o cobrando facturas no convierte a alguien en mejor amigo, hija, padre o se disfrutan las relaciones. Solo se es un buen rehén o un usurero.

 

La culpa encubre el miedo a ser rechazado  y no perdonar; a rechazar  y bancarse la reacción, a la venganza del cosmos.  Esconde  con su capa negra la desconfianza, el terror a ser, la imperfección de equivocarse. La vergüenza de descubrir los deseos, de mostrarse.

Los hechos no se pueden cambiar, ni procesar. Si se acomoda el traste en un lugar imposible, si se pierde una oportunidad no hay con qué darle.

En cambio, como decía un psicólogo que conocí: La culpa se elabora te lo digo yo.

Hasta la próxima!

 





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