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ISSN 1853-2926

Madres suficientemente malas
Publicado el miercoles 10 de agosto de 2016 a las 12:04

 

 

                                                                A Ginette Raimbault

 

Hace muchos años, en un lejano país, una psicoanalista solitaria publicó un admirable trabajo sobre la población infantil de un hospital y las madres espantosas. Estudió una mezcla de puerta giratoria y tren fantasma: pacientitos que mejoraban y salían; empeoraban en la casa y volvían a ser hospitalizados.

Se atreviósin hipocresía, con rigor científico y amor increíbles– a destapar una olla que nadie quiere oler.

Las madres malas existen. La doctora Raimbault, mandó cartas a  centros psicoanalíticos, sociedades, colegas y escuelas sobre este esqueleto en el armario. Datos precisos y entrevistas con esas señoras que podían hablar del rechazo, odio, temor, indiferencia y otros sentimientos descartables en la crianza.

 

Muchas personas adultas se torturan pensando si están locas o son jodidas por pensar mal de sus progenitoras. También les dedico a esas gentes este boletín.

La madre suficientemente mala antepone sus necesidades. Siempre. Priva de los cuidados básicos físicos y emocionales que garantizan la existencia total.

Las madres sanas se preocupan por haber metido la pata, dudan; las malas tienen certezas, no creen que se equivocan y no sienten culpa jamás. Esa, es una gran divisoria de aguas.

Mujeres estructuralmente incapaces para la función. Diferentes de las desqui temporarias, por duelos, guerras o ingesta de tóxicos que, generalmente, reparan las roturas o intentan hacerlo y eso vale.

Las malas construyen un patrón de no relación, ni siquiera es ausencia; y colocan al padre en un lugar de satélite cuando no cómplice de sus desmanes.

Paradojalmente, pueden verse “normales”. Armoniosas, correctas y hasta simpáticas con otras personas, lo que aumenta la confusión del hijo/a y de los profesionales.

Dejando fuera a la archivillana; encontramos otras especies en la población maternosa  en las que salud-enfermedad es una cuestión de grados. Perooo, con errores galopantes, deplora su conducta.

 

Algunas señales: (más de tres, se recomienda consultar, para ambas partes).

-      Apropiarse de las cosas del hijo/hija, mear como los perros el territorio, ante el menor indicio de un gusto, una inclinación, “facilitarle” las cosas con ansiedad, como si fuera para ella; si se lesiona el vástago, ella sufre más y hay que atenderla primero; enseñarle a “jugar bien”, o hacerse de amistades.

 

-      Manipular, con la enfermedad, la culpa, el descongelamiento de las milanesas: “avisame”.  Hablar de la propia muerte, es un tema que duele y molesta a los hijos.

 

-      Defender a terceros, como deporte, en contra del propio ser de sus entrañas.

 

-      Desaprobar amistades, ropa, cortes de pelo. Criticar el cuerpo, el aseo, tacle embromado con las niñas.

 

-      Avergonzar frente a otros; que cante, baile o muestre sus gracias; criticar o elogiar en exceso.

 

-      Ser intrusiva: dar de más o de menos, no lo que hace falta. Compartir intimidades.

 

-      Intolerancia: no soportar que el pendex sea torpe, inconcluso; que esté triste o cansado. Genio y Feliz es la escarapela de la madre del año.

 

-      Demagógicas. Seductoras. Corruptoras: sobornan. No ponen límites de frente manteca, no toleran críticas ni rechazos.

 

-      Competir con otras familias para tener el/la “más mejor”. Y  frustrase, obvio, nadie consigue ser el mascapito en todo.

 

-      Tapar los miedos: no trabajó, no se separó; se mudó, ni nada, porque el descendiente “era tannnn…” Contar estos renunciamientos en público suma.

 

-      Hablar bien de sí misma, mucho. Un poquito está bien.

 

-      Auto-atacarse para que salten a defender. Como dice Freud, que desconfía de todo, “nadie tiene tan mala opinión de sí mismo”.

 

Como veis, es más fácil cruzar los Andes gateando o construir la Muralla China con palitos ídem. Y errare humanum est

Hasta la próxima!





Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


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Silvia Fantozzi dijo: el jueves 11 de agosto de 2016 a las 23:32
Gracias Juana, por compartir y por la confianza. Todos tuvimos una.
juana castilla dijo: el miercoles 10 de agosto de 2016 a las 23:37
uy mi pobre vieja era asi, con los de afuera era un rio amable y con nosotros a cara de perro, nunca dej贸 que me hiciera otra cosa que la toca porque odiaba los rulos, a mis novios, mis amigas y otros enseres, se fue joven y tengo sus recuerdos apretados, el no haber podido contarle nunca nada sin que reaccionaria como un samurai por cualquier boludez, pobre vieja, siempre tan pero tan lejana

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