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Silvia Fantozzi
Silvia Fantozzi


Silvia Fantozzi

Aprendí a reconocer características femeninas universales y sanas.


Componentes que permanecen inexplorados en las personas. Todo lo que se conoce fue escrito por hombres. 

Hasta hace menos de un siglo éramos analfabetas. Mujeres y hombres estudiamos y comprendemos los problemas de la vida desde una perspectiva. 

Un solo pie no basta para recorrer un sendero, una sola mano no puede aplaudir. Dice un refrán africano.

Los hombres no saben que no saben lo que llevan y tanto ellos como nosotras aprendemos de textos rengos en los que todo lo que queda afuera es anormal.


Viviendo a los saltos. Los hechos comunes parecen enfermedades. Las  necesidades personales buscan soluciones ocultas.


Entre los elementos más escondidos de cualquier personalidad sana, es natural la especial sensibilidad a las frustraciones, los rechazos y la impresión de no poseer los recursos para sobrellevar las relaciones con los otros. El simple hecho de no encajar.


Los problemas propios que plantean esos estados y condiciones inevitables producen una enorme incomodidad. Finalmente, la peor molestia de la existencia es el sí mismo.


Resulta imposible hacer coincidir lo que se debería con los sentimientos.


El malestar se extiende al cuerpo –¿dónde sino?–  y a la infinita tarea de librar esa batalla fría contra lo que tocó en suerte. 


En los afectos, la tensión entre soledad y compañía, –abandono o intrusión– intoxica las relaciones  con parientes, colegas, amistades, parejas, vecinos y otros compañeros de ruta.


El único camino, andar en los dos pies,  es conocerse, descubrir motivos, desnucar creencias y rituales, abandonar consumos, amores y otros amortiguadores. Sin explicaciones, ni defensas.


Dejar de acomodar todo al terror de disfrutar lo bueno desconocido. Al deseo de aprobación, a la dependencia insensata. 

Dejar de esconder-se. Y la convicción de que nadie podrá entender. 


No para sufrir un poquito menos, ni argumentar.

Agradecer lo más molesto, que expresa aquello-algo verdadero y valioso. Despacio, sin fin.


 

 

 

 

 

Cuentos Impuros







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