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Silvia Fantozzi
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ISSN 1853-2926

Estar en Barbecho
Publicado el lunes 5 de diciembre de 2011 a las 23:49

 
Un estado universal y sano al que le tengo enorme cariño y respeto; frecuentemente  puede malversarse como depresión. Un gran psicoanalista –Masud Khan– lo define como estar en barbecho.
 
La expresión viene de la agricultura y se dice del terreno que está descansando, no en estado de trabajo evidente sino de preparación. Esperando para ser cultivado.
 
Durante uno o varios años, mientras los campos vecinos fructifican, éste se llena de pastizales y las hojas, tallos, cáscaras y raíces de la cosecha anterior se pudren y nutren el suelo (algo más profundo que un lifting) como si estuviera rejuveneciendo desde algún lugar que no queda adentro ni afuera.
 
Pavada de metáfora. 
  
La gran mayoría probó el estado en cuestión, aunque sea fugazmente, cuando registra una rebeldía a encargarse de algo que debería hacer.
Auto sermonearse con rigor con unas cuantas amonestaciones, pero por alguna razón no logra “mover” y obligar a los huesos y neuronas a ponerse a laburar.
Necesidad de estar en recreo y  dar cabida a ese ánimo benigno y de espera.
 
Obligadas a salir, ya sea a causa de la conciencia (único juez insobornable de la historia de la humanidad) o del medio ambiente, (jefa, novio, hijos, mascotas o tormentas y granizos) provoca irritación y  mal humor.
Culpar insistentemente al mundo externo y no a la  incapacidad personal de no soportar y mantener el barbecho.
Lo digo de nuevo: escasa capacidad personal para tolerar y sostener este tránsito.
 
Antes de continuar arranquemos unas malezas, estar en barbecho no es:
Inercia; apatía; abandono; inactividad perezosa. Tampoco es la huida ante una toma de decisión molesta o de la acción. No es un estado neurótico, conflictivo o de aflicción; ni haraganería o abulia televisiva.
 
¿Qué es?
Es una función saludable del aparato del alma al servicio de la dama y del caballero. Un estado transicional, una forma de ser/estar en tranquilidad alerta y conciencia receptiva, despierta y liviana.
 
En este momento están haciendo que sí con la cabeza.  O pensando “¿Qué dice esta loca?”.
 
Ocurre en gentes más o menos bien plantadas (seguimos con lo agrícola). Precisamente por eso resulta intolerable “¿Por qué me pasa esto?, ¿por qué ahora, con todo lo que tengo que hacer?” se preguntan las barbechantes disciplinadas, muy acostumbradas al estilo roble: no tumbarse antes que levantar las piernas.
 
Lamento informar a quienes ansiosamente prefieren el postre antes del primer plato que se trata de un proceso prolongado y debe enfrentar muchos traumas personales, familiares y sociales.
Afortunadamente no siempre conscientes sino silenciosos. El terreno hace mil reaaciones químicas invisibles, por debajo, mientras la persona, si se lo permite, flota cómodamente en la superficie. Se llena de yuyos que, aunque no parezca, son muy valiosos.
 
Y, ¿sirve para algo?
¿Qué brinda  estar en barbecho? La respuesta es una paradoja: mucho y nada. Es un estado de espera y preparación para vaya a saber qué.
 
Es un batido proteico para la mayoría de  esfuerzos novedosos.
Una larva no integrada, un poco torpe, levitando en un mar de pétalos con el psiquismo regulando, -no apagado- suspendido. Lo opuesto al tiqui-tiqui del pajarito mental en la cabeza. Esta larva oceánica, un poco tonta y sin máquina  da lugar nada menos que a una verdadera creatividad personal, llega algo inesperado y pleno muy cercano a un sueño, notoriamente diferente de los floripondios obsesivos: si-no; no-si; hago no hago.
 
Pero lo más importante es que nos indica algo que frecuentemente pasamos por alto, que no se enseña ni se fomenta en nuestra cultura, una de nuestras necesidades básicas: estar en intimidad con una/o misma/o.
 
Creemos que lo que hace sentirse mal es no tener una buena y honesta relación con la mismidad. Aceptarse, quererse, y se ha culpado por ello excesivamente a los padres, la sociedad y la revolución científica.
 
No se escucha tanto que las gentes son responsables de relacionarse consigo misma. Lleva tiempo y esfuerzo.
La mayoría se pasa la vida pidiéndole a los demás que le den no se sabe bien qué.
Ni siquiera se conoce lo suficiente como para estar al tanto de qué necesita.
Como consecuencia de ninguna o pobre relación con el sí mismo, obvio que es peor con cualquier otro.
 
Volviendo a los campos incultos, supongamos que toca barbecho, aquí van algunos tips imprescindibles para la temporada campestre:
 
*Si bien es esencialmente íntimo y personal, necesita un ambiente compañero para que se lo pueda soportar y mantener. Alguien –un amigo, una esposa, un vecino– que esté cerca, pero sin entrometerse, garantiza que el proceso no se vaya de las manos, es decir, que se vuelva patológico, introspectivo, o tétricamente lúgubre.
 
*Igual hay que hamacarse caperucita, debes aceptarte como una persona separada del resto; aguantar y no hablar demasiado ni intentar comunicarte y darle poca bola al mundo circundante. No vale ir por el caminito más corto, ni mandar mailes o mensajillos explicatorios.
 
*La/el barbechante sólo necesitan saber que están en barbecho y que alguien acepte, tolere, respete esa creencia.
 
Este estado no se busca, sucede y cuando sucede hay que aprender a soportarlo.  
Si tienes la buena estrella de que toque en suerte inundar de abono tu vida no pienses que es una mierda ni te angusties y si alguien interfiere en tu barbechar no te molestes en responder.
 
Recuéstate en tu hamaca, relájate y goza. Y si así no lo hicieres, no te preocupes que una buena gripe, un esguince o alguna otra cosita, se encargan atentamente de tu irresponsabilidad para el reposo que asumirás sin culpas con carnet de enferma.
 
Hace falta mucha hormona bien puesta para disfrutarlo.
 
 
 




Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


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Javier dijo: el lunes 7 de abril de 2014 a las 19:56
En formato zip podríamos decir que "Estar en barbecho" es encontrarse descansando y cogiendo fuerzas para nuevos retos, sabiendo que ese descanso es necesario para que las cosas venideras salgan bien y que llegamos a este punto después de haber conseguido otros retos.
Leila dijo: el miercoles 14 de diciembre de 2011 a las 12:07
Me quedé pensando en q difícil se puede tornar encontrar y elegir? esa persona que debe acompañar el barcbecho. Si para uno mismo es dificil de aceptar para otros... Sobre todo si los tenemos acostumbrados a la chica aspirinex! Y tambìén pensé en q nos puede tocar acompañar una hermana, mamà, amiga barbechante, digo para estar alerta!!
Lo último: Los hombres barbechan? o sólo nos ningunean de jodidos que son??!!
Le dijo: el martes 6 de diciembre de 2011 a las 22:50
2 cosas:
1: genia! me hiciste reir mucho! un tema serio.
2: cómo no jodemos más???!! Nos abandonas? no nos abandones Sil!!
Lau dijo: el martes 6 de diciembre de 2011 a las 22:46
No ves? Cuando digo que podés decir maravillosamente lo casi imposible de explicar, no miento, no.
Beso!

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