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Silvia Fantozzi
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ISSN 1853-2926

Cuidados sospechosos
Publicado el martes 19 de noviembre de 2013 a las 08:18

 
 

 

Alguna vez hablamos del cuidado mentiroso que inoculando cierto temor a las palabras inventa otras para manipular.
Freud, uno de mis gurúes, dice que primero uno/a se baja los pantalones con las palabras y después con los hechos. Agregaba que el inconsciente se expresa en el lenguaje popular. 

 

Llama la atención el exceso de propagandas para el “cuidado de”:
Los dientes, las encías, mejillas y lengua.
Los pies.
Las axilas
Bacterias, gérmenes y demás fauna (piojos, moscas, mosquitos, babosas).
La piel.
Tus manos, uñas y cutículas.
Intestinos.
Los síntomas de la gripe y los resfríos.
El dolor de cabeza, cintura, cuello, hombros.
La ropa.
La ropa fina.
El lavarropas.
Lavavajillas.
El inodoro, los sanitarios, la cocina.
La dentadura postiza.
Las mascotas.
Las partes, con papel suave.
El auto: motor, el brillo de la chapa, las gomas.
La caspa y la “resequedad” ¡qué palabra! ¿de dónde la sacaron?
El bebé y los niños reclamarían un capítulo completo de alguna enciclopedia de antaño: el cuidado de la colita para que sea feliz con pañales 5 estrellas, alimentos, juguetes.
El suelo, el agua, el aire. También necesitan cuidado. 
 
¡Uf!

 

Qué significa esta obsesión por el “cuidado” y que la gente no se paspe con palabras. La contracara de la “discriminación” es la “inclusión”. Entre comillas suspicaces. Son discursos vacíos.

La “inclusión” la practica alguien “tolerante”. O sea que se banca, de bueno que es, la desgracia ajena en una posición superior y condescendiente. Autointitulado.

 

Para no quedarse en la queja y el dedo acusador, un par de ejemplos de inclusión sin comillas:
Cuidar/incluir la discapacidad es que el nene con síndrome de Down también coma en la propaganda mayonesa liviana o inmundo-fortis. La que anda en silla de ruedas también tiene axilas y caspa. Los ciegos, los descendientes de "originarios" también lavan platos y usan dientes.
Otro ejemplo:
Un amigo músico un día le da clases de un instrumento de viento a un joven con “capacidades especiales”. El alumno le cuenta que toca también la guitarra y le muestra. Mi amigo le dice –menos mal que querés  aprender saxo, ¡sos un desastre con las cuerdas!!
De más está decir que el alumno lo adoró incondicionalmente porque fue tratado como todos nosotros los sanos, bonitos con capacidades ordinarias.
 
Justo anoche leía de un libro de Feldenkrais que un niño que no podía mover un brazo por un error médico en el parto, llora amargamente porque en la escuela nadie lo empuja ni le hace bromas.

 

La condescendencia es más cruel que lo que toca en el reparto, agrega dolor al dolor.

 

Podrían hacer tarjetas "Gracias, no me cuides tanto.  Preocupate por mí no por quedar bien con alguna imagen que tengas del amor a la humanidad de los cines baratos."
 
Por otra parte, ¿qué quiere decir especial? Parece que coloca en un lugar de raro, extraño, inusual, algunas experiencias que son mucho más frecuentes de lo que nos gusta pensar. La brigada de los supuestos “normales” es infinitamente más pequeña de lo que imaginamos.
En todo caso los “especiales” son mayorías que funcionan como minorías: mujeres, hispanos, ancianos, niños, locos. 

 

Flota una pregunta, ¿qué se rechaza en esa supuesta bondad con los “diferentes”?
¿Lo de extraño que hay en cada quién? ¿Las discapacidades emocionales, la dificultad de enfrentar la vida como uno más del montón? ¿El horror de sentirse sapo de otro pozo, los muñones que no se ven pero que impiden sostener, acariciar, abrazar? Discapacidades que en menor-mayor grado todos y todas cargamos.

 

No pasa por “tolerar” a un otro “antirreglamentario”, aceptar la diferencia es amar o reírse de lo que provoca aversión, miedo, odio,  asco o vergüenza en sí mismo.
Nada puede ser tan malo como no aceptar-se.

 

 Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

 

 

 




Comentarios de este boletín: (click acá para comentar)


Escriba las dos palabras que ve en la imagen:

L dijo: el jueves 28 de noviembre de 2013 a las 18:36
Muy Bueno, Sil! Muchos de mis pacientes disgnosicados con "TGD" son "incluidos" en escuelas "comunes" y en el camino a "integrarlos" se enseña al resto de la institución, maestras, los demas alumnos "sanos", directores, personal no docente a tratar a un "niño especial". Por lo cual todos "saben tratar a un niño especial" Pero nadie sabe cómo relacionarse con Francisco, Agustín, Tomás, Thiago..... etc.
Valgan todas las comillas

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